Jueves, 09 de Febrero del 2012

bs.As, Argentina
2010-08-31
¿La dama o la perra?

Un mundo híper sexual nos excita y nos genera ideas y desafíos. Otro mundo histórico y prohibitivo nos pone trabas y tabúes. ¿Qué hacemos en el medio de las ganas y el qué dirán?. Txt Carmila Gili / Img Rodrigo Radics

Quizás sea uno de los karmas más enormes con el que carguemos las mujeres. Cuándo, cómo, con quién… y de qué manera.

Cuando éramos chiquitas, nuestras madres, abuelas y maestras y alguna vez nos repitieron sin parar el cuento del “tesorito”. Vivimos la adolescencia con las hormonas volando por todas las esferas de la estratósfera pero muriendo de ganas en la seguridad de lo prohibido. Ahí estaba el tesorito, pidiendo a gritos que algún pirata perdido lo encuentre pero con la alarma de la norma moral sonando con los ruidos más agudos del mundo. La dicotomía era feroz, nos moríamos de ganas por entrar en ese mundo fantástico y vertiginoso que es el sexo, pero temíamos lo que pudiera pasarnos el día que entreguemos el tesoro más preciado.

Muchos o pocos años después, cuando todo indicaría que la prohibición ejemplar ya estaba superada por poca o mucha agua bajo el puente, ¡Zaz! Malas noticias. Ahora resulta que no hay tesoro, que no hay colonizadores esperando plantar bandera por primera vez y esa es la buena noticia. Pero (siempre hay un pero, y si las mujeres no nos acostumbramos vamos muertas) muy pronto llega la mala noticia:"Dime cómo entregas y te diré cómo te tomarán".

Resulta que las mujeres ahora debemos ser damas en la vida y perras en la cama. ¿Qué significa eso? Significa tomar el té, hablar con la abuela del chico, de los buñuelitos recién cocidos, tener un buen vocabulario, vestir decentemente, no mirar a ningún hombre y ¡Oh por Dios que no se llegue a escapar una guarangada! Significa también usar lencería erótica, decir barbaridades puertas adentro, aceptar todas las vías de tráfico del mundo, llegar al final feliz en los mimos inferiores y por supuesto, acabar a los gritos en cada roce del compañero de turno.

Duro trabajo el de la mujer ideal. Sobre todo porque se corren enormes riesgos, fundamentalmente dos:


EL PROBLEMA DE SÓLO SER LA PERRA
La relación comienza generalmente de un modo ocasional. Boliche en común, fiesta descolgada, encuentro desprejuiciado. El flechazo parece ser mortal e inmediatamente ella cree que lo tiene en una mano, comiendo el néctar sagrado porque lo ve gozar como nadie, porque descubre que se vuelve loco en cada una de sus performances, porque él es capaz de atravesar la ciudad para efectuar un encuentro, porque tiene ideas nuevas todo el tiempo, porque le cuenta que todo el día está excitado pensando en sus geniales planes. Ella cree ilusa que la pelea fue ganada por knock out y sólo le queda disfrutar del hombre yaciendo a sus pies. Lo que ella no sabe, es que se convirtió en La Perra.

Si esta fuera su única intención, entonces sólo queda la medalla, el aplauso y el beso. Ahora, si por alguna casualidad a ella se le ocurriese que esa química incomparable podría ser traspolada al universo social, probablemente estemos en un problema.
Generalmente al hombre le cuesta tener algo muy serio con La Perra. No se imagina presentándosela a la familia, siente que sus amigos van a querer probar todo lo que por supuesto él ya les contó sobre las performances de los últimos tiempos, se siente inseguro al salir de las cuatro paredes, en las que la impunidad del sexo le daban la certeza del placer.
 
Entonces, suele alejarse. Trata de enfriar la cuestión, trata de que a su acompañante se le pase el temita del compromiso e intenta incesantemente (¡Y con qué tezón!) generar encuentros esporádicos y sólo sexuales.

Muy rápidamente esta relación se va a terminar. Tal vez él encuentre una Dama o tal vez ella algún día decida vengarse dejándolo plantado en un albergue transitorio de Dock Sud.

 

 

“Al hombre le cuesta tener algo muy serio con "La Perra". No se imagina presentándosela a la familia y siente que sus amigos van a querer probar todo lo que él ya les contó”

 

EL PROBLEMA DE SÓLO SER LA DAMA
Como en las novelas siempre es más interesante ser la mala que la buena, en estas cuestiones pasa lo mismo. Si hay algo peor que ser La Perra, eso sin dudas es ser sólo La Dama.

Contrariamente a lo que planteábamos antes, estas relaciones son invariablemente permitidas, absolutamente a telón abierto. Él y ella andan todo el día juntos, paseando por cuanta feria, plaza, cumpleaños o evento social se les proponga. Se sienten orgullosos el uno del otro y por fin ella cumple con el anhelado sueño de dormir la siesta de un domingo con su amado y ver películas románticas abrazados.

Se encuentra feliz, viendo la envidia de sus amigas por la relación ideal que tiene. Porque el novio la pasa a buscar por todos lados. Porque en dos meses ya conoce a la tatara abuela del interior y va al parque con los hermanitos.

Aunque probablemente nunca lo diga, ella en algún momento va a darse cuenta que el orgasmo es algo tan cercano como ese primo de la tía que vio en la fiesta familiar. Se dará cuenta que las relaciones sexuales son pocas, y siempre en la misma posición, cronometradas con una exactitud suiza, en el mismo lugar y con las mismas previas y post.

Esta relación probablemente no termine nunca. Ambos creerán que encontraron exactamente lo que la sociedad pedía de ellos y estarán orgullosos por la vida que construyeron. Seguramente habrá casamiento, hijos y perros. Y sin dudas un mundo de putas y chongos imaginarios que los harán gozar en sueños, la vida que nunca se permitieron.

EL DILEMA DE LA MADRE
¿Qué subyace sobre toda esta cuestión? El conflicto irremediable de los hombres con el lugar de la madre. Contrariamente al juicio popular, los hombres suelen ser igual o más conservadores que las mujeres y aunque lo nieguen, ellos imaginan a la madre de sus hijos en cada mujer que se cruzan.

Y ahí aparece la frase maldita:  “Me vuelve loco pero no me la imagino como la madre de mis hijos” ¡Padre nuestro del mito machista fundante de esta cuestión! Porque la peor parte de la historia es que no sólo imaginan a la mujer como la madre de sus hijos, sino que ¡La comparan con la propia! Y a no ser que tengan desórdenes muy poco felices, nadie va a querer tener sexo sucio y salvaje con su madre.

¿ES POSIBLE EL EQUILIBRIO?
Pero atención: así planteadas las cosas, pareciera que no hay salida en este laberinto. Y eso tampoco es cierto.

Es posible salir de este mito conservador que sostienen muchos hombres pero también muchas mujeres. Las sociedades tienden a abrir sus mentes y ese es el camino ideal para llegar al éxito. Porque sin dudas, hombres y mujeres seremos mucho más felices el día que nos dispongamos a vivir nuestras vidas sexuales y sociales sin esa distinción aparente.

Nuestros compañeros tendrán que salir del lecho materno y acostumbrarse a la liberación femenina. Y mucho más, disfrutarla cada día, que es la mejor parte de la historia. Y nosotras, queridas compañeras, tenemos la excitante tarea de demostrarles lo divertida que puede ser la vida cuando no somos juzgadas por lo que hacemos dentro y fuera de la cama.

 


Comentarios
2010-09-02
paola |

Muy cierta la nota....aunque considero que las mujeres no se dividen en simplemente dos "formas de ser", ya que esos son los famosos estereotipos creados por la sociedad. Yo creo que toda mujer tiene una dama y una perra dentro, solo hay que aprender a manejar cada una.

muy buena la revista y las imagenes!!! :)

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