Hace seis décadas la pantalla era cuadrada. Hoy es rectangular. Un poco de historia de este artefacto que logró transformarse en el medio de comunicación más importante.
TXT. Antonella Orlando



Desde la terraza del Teatro Coliseo de la Ciudad, Enrique Telémaco Susini y sus tres colaboradores, llamados Los Locos de la azotea, realizaron el 27 de agosto de 1920 la primera transmisión de radio en Argentina. Como sucede con muchos de los eventos que luego se transforman en historia, pocos medios gráficos le dieron importancia. Pero la fiebre por la radio se desató sólo unos meses más tarde y aquellos locos ya no estaban tan solos.
Se podría decir que Jaime Yankelevich, precursor de la TV argentina, podría haber sido invitado a la azotea por Telémaco. Ambos, son figuras centrales en la historia de los medios nacionales. En sus viajes a EE.UU, Yankelevich se había interiorizado en la novedad que representaba la televisión y había comprado varios equipos Standard Electric. Así, la primera transmisión televisiva pública se hizo a través de Canal 7, dependiente de LR3 (Radio Belgrano), el 17 de Octubre de 1951 con motivo del acto del Día de la Lealtad Peronista.
El imaginario de la televisión andaba rondando en las mentes de los radioaficionados e inventores desde los años 20´: era muy común que las publicaciones gráficas hablaran de radio-visión, visióntelefonía y radio-cinema. A pesar de este contexto, la llegada de la TV pasó casi desapercibida. Incluso el clásico River-San Lorenzo, que fue transmitido el 13 de noviembre, no fue visto masivamente por los habitúes de aquellas pocas confiterías o vidrieras de electrodomésticos que contaban con televisión. No obstante, sólo 10 años después, la cantidad de televisores en el país llegaba casi al millón. El artefacto había pasado de ser símbolo de status económico, que importaba más tenerlo que mirarlo, a irse consolidando como centro de entretenimiento familiar en el living. Los programas infantiles, los teleteatros y los formatos femeninos eran las estrellas de la programación. Seguramente, tu abuela aprendió nuevas recetas de la mano de Doña Petrona y Buenas tardes, mucho gusto.
Hoy, nosotros somos hijos del zapping y del cable. Nacimos con la televisión encendida y muchos de los personajes que se iniciaron en la adolescencia (incluso infancia) de nuestros papás, hoy siguen estando. Sin lugar a dudas, el personaje que sobrevivió a todos los embates fue Rosa María Juana Martínez Suárez. ¿Quién? La señora Mirtha Legrand, que en 1968 inició su famoso ciclo de almuerzos.
Y porque cualquiera, sin importar la edad, se ha visto fascinado y atrapado por la ficción, las mujeres que suspiraban en el final de Rolando Rivas, Taxista hoy acompañan a sus hijas en el fanatismo por alguna de las producciones de Canal 13 o Telefé. Hay voces (y cabezas) que se repiten como hace 20 años: Tinelli es un producto televisivo que se transformó en productor. Y otros, como Antonio Gasalla, marcaron la pauta de las cargadas: seguramente alguien comparó a su compañera de colegio con la llorosa Noelia o cuando es mal atendido, recuerda el fiel retrato de La Empleada Pública. Y cómo olvidar los monólogos de Tato Bores, los guiños de Olmedo a cámara o aquel día en que Ginzburg se afeitó el bigote en vivo.
La tele instaló costumbres e incluso marcó parte de nuestra historia (tu mamá vio la llegada del hombre a la Luna y nosotros vimos la crisis del 2001). Y con todo este pasado por detrás, hoy tenemos un futuro por delante con los incipientes desarrollos de la televisión digital y las promesas que se instalaron a partir de la nueva Ley de Servicios Audiovisuales. A pesar de tener una televisión rica en producción y calidad técnica, el debate que viene arrastrándose desde hace varios años es aquel que intenta avanzar en la discusión de cómo se generarán contenidos diversos y federales en la televisión que vendrá.
Mucho tiempo pasó desde la tele en blanco y negro. Nuestros papás se fascinaron con ese montón de sonidos e imágenes que salían de la caja que hipnotizó a muchos. Pero nosotros, verdaderos hijos de la tele, ¿tendremos en algún momento una sobredosis de TV? Y ya no en el horizonte, sino a nuestro lado hay otra pantalla. Nuestros hijos serán los hijos de la computadora (si es que se sigue denominando así). Qué nos depara el futuro de medios de comunicación (y las adicciones)...no lo sabemos.


