Domingo, 05 de Febrero del 2012

bs.As, Argentina
2009-03-20
Je Suis Rouge (séxodo)


Qué pasaría en nuestra cultura occidental si en lugar de la imagen clásica de la mujer en posición fetal, con bolsa de agua caliente entre sus piernas y murmurando palabras de dolor e insultos al universo, estuviéramos acostumbrados a ver a las mujeres agasajadas hasta el exceso durante los días que dura su menstruación?

Autor: Tatiana Goransky

Grandes fiestas y millones de “qué linda que estás” rodearían a las hembras del mundo mientras éstas salen de compras justo en “esos alegres días”, recibiendo comentarios del estilo de “qué bonitos y cálidamente hinchados que están tus pechos hoy” o “me encantaría acariciar tu cara que se puso más redonda y roja y está francamente preciosa”. Cientos de “noto que estás un poco más hambrienta de lo normal y me encantaría poder prepararte otra porción de esto que tanto te gustó, querida” recorrerían las calles de nuestra ciudad y cada tanto tendríamos, tal vez, el honor de escuchar dulces se-renatas interpretadas bajo las ventanas de las protagonistas....

“Dulce mujer marina
Tu es rouge et je suis perdu”

Según la película argentina “Je suis rouge”, que documenta y ficcionaliza la relación entre las mujeres y su menstrua-ción, al mayor porcentaje de las entrevistadas, todas entre los 18 y 30 años, nunca le han practicado sexo oral durante su período. Y aunque en un principio la mayoría de ellas acusa a los hombres de negarse a hacerlo, finalmente se comprueba que casi ninguna de ellas se lo permitiría; ya sea por vergüenza, por el asco que les provocaría ver a su compañero con la boca manchada (“boca de payasito”), por el olor submarino que a ellas mismas les disgusta o simplemente porque ellas jamás lo harían de estar en esa misma posición.

Resultados como estos nos obligan a preguntarnos ¿cuán rojas están las mujeres cuando están rojas y cuán rojos están los hombres cuando las mujeres están rojas?

Es incuestionable que numerosos miem- bros del género masculino se niegan a sumergirse en el sexo de sus compañeras cuando éstas están “indispuestas”. Sin embargo, existe también un porcentaje que lo hace sin titubear, convencido de que el proceso natural en cuestión no tiene por qué despertarles sensaciones extravagantes. Pero eso sí, no hay nada como un poco de duda para alejar el deseo de la habitación. Para ser un auténtico profesional en el arte del sexo oral hay que regirse por una premisa esencial e inquebrantable:

“Después de que hayas empezado, no importa si estás aburrido, ago-tado, mareado, nauseabundo, acalambrado, dolorido por tu reciente extracción molar, resacoso, preocupado porque tu familia está por llegar para el asado de los domingos o simplemente arrepentido, nunca, bajo ninguna circunstancia, lo demuestres”. Y aquí, en esta ilustre frase, radica todo el secreto: llevar el emprendimiento hasta sus últimas consecuencias, cueste lo que cueste, sin que se note el esfuerzo, por nulo, pequeño o gigantesco que sea. Esta regla no varía dependiendo de los ciclos femeninos y se aplica a hombres y mujeres por igual, lo que la convierte en una regla reguladora, tiránica, básica e inapelable.

Pero retomando la pregunta inicial, ¿qué pasaría si la mujer menstruante fuera venerada? ¿Se la desearía más? ¿Sería, tal vez, en ese caso, un honor practicarle a la visitada un cunnilingus? Imaginemos que sí. Que la mujer sangrante es un ser cotizado. Que todos la llaman para salir justo en ese momento del mes, que los hombres (transportando diminutos ca- lendarios marcados con crucecitas rojas en los bolsillos de sus pantalones) preguntan obsesivamente a sus novias y amigas sus fechas para no perderse de llevarlas a la cama los días 28. Que hay peleas entre amigos para ver quién usa el único cuarto del departamento cuando sus dos mujeres están en “esos maravi-llosos días”, que en lugar de las flores es común llevar a las citas un paquete de toallitas perfumadas o una cajita de tampones (previa consulta a la mujer por su tamaño preferido), que el mayor de los honores es llamarse Andrés... ¿Sería justo, entonces, decir que su sangre sabe y huele diferente? ¿Que ni a hombres ni a mujeres les preocupa verdaderamente el “payasito”? ¿Que, por festejada, la sangriza se convierte en el mayor condimento sexual para la pareja del siglo XXI?

Tal vez lo ideal sería ponerlo a prueba: este mes, el día 25, espero tarjetas de felicitaciones.

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