Jueves, 09 de Febrero del 2012

bs.As, Argentina
2009-06-03
Sexo & Drogas

Debido a la sensibilidad que generan, la marihuana y el éxtasis están entre las drogas preferidas a la hora de mezclarlas con el sexo. Entre sus consumidores abundas los relatos de experiencias asombrosas, llenas de sensaciones intensas y desconocidas. Pero cuando el uso se convierte en abuso, o adicción, ya lo nuevo se vuelve rutina y toda su magia pierde valor frente a algunas contraindicaciones.

Resulta muy difícil sentar una postura frente a la relación entre el sexo y las drogas. Mientras que el hecho de encamarse con otra persona se considere un simple acto de placer, siempre vale la pena descubrir nuevas e intensas sensaciones, y nada que exceda el disfrute momentáneo puede tener importancia. Del otro lado, suenan algunas voces de advertencia que apuntan hacia la salud mental y física. Entonces, como suele ocurrir, ya todo depende de los valores de cada persona.

Bichito de luz


La música electrónica golpea fuerte en todas las áreas del cuerpo: a veces, va al compás del corazón, otras parece amplificar los sentidos de todo el organismo. “Sentís todo el cuerpo erógeno”. “Ves todo más brillante”. “Los orgasmos son más largos”. “El sexo es más libre, no hay histeriqueo: seguro que  esta noche termino con alguna chica”. Todas las confesiones pertenecen a tres chicos que consumieron éxtasis y ahora bailan (o se franelean) en la disco electrónica porteña más conocida.

Para los pares, el éxtasis, la ruda, el bicho o la pasti, además de ser un droga netamente “social y cool” es la puerta a un sexo extrasensorial y, sin dudas, inseguro. Todo vale y se pierden los límites. Los expertos tiene una explicación científica: “El éxtasis es una droga que disminuye los niveles de serotonina, ello hace que los consumidores se sientan más excitados y reactivos a los estímulos, y genera una sensación de entendimiento hacia el otro. De esta manera, la gente siente mayor facilidad para el acercamiento. A veces se interpreta que es una droga con características afrodisíacas, pero no hay incremento de la sexualidad sino de la sensualidad”, argumenta el psiquiatra Matías Bonanni.

Pero lamentablemente, el metilendioximetanfetamina (MDMA), vulgarmente llamado “éxtasis”, no es una sustancia inocente. Si bien su consumo genera diversión y puede tener fines placenteros y eróticos, tiene una acción seria y potente al nivel del sistema nervioso. Estructuralmente está emparentada con un estimulante, la anfetamina, y con un alucinógeno, la mezcalina. Y como parte de la familia de las anfetaminas, más allá de su efecto estimulante y despertador, genera adicción y es tóxica para el sistema nervioso central.

Verde que te quiero verde

La marihuana, también llamada “faso”, también genera sensaciones placenteras. “Fumo para tener mejor sexo con mi chica. Estoy tan estresado por la facu y el trabajo que si no le doy un par de pitadas se me hace imposible concentrarme en el sexo”, admite Pablo, que fuma “yerba” cuatro veces a la semana, y agrega: “Me río más, me relajo y vivo el sexo como en cámara lenta, siento los orgasmos más largos”.

 

En dosis bajas, la marihuana aumenta la sensibilidad de la persona a los estímulos. En una relación sexual, su efecto genera sensaciones más intensas”, afirma el psiquiatra Matías Bonanni.


El efecto de la marihuana está condicionado por el estado anímico del consumidor y su contexto. “En dosis bajas, es una droga levemente excitante que aumenta la sensibilidad de la persona a los estímulos. En una relación sexual, su efecto genera sensaciones más intensas”, afirma Bonanni. Ahora bien, si el humor de la persona no acompaña, sus consecuencias pueden ser distintas. Bonanni continúa: “Si la dosis es mayor, produce un efecto depresor y la sensibilidad comienza a disminuir”.

Como contrapartida, su acción atenta contra las comunicaciones neuronales, pues interfiere en la producción de los neurotransmisores. Esta afección lleva a que algunos de los sentidos se alteren y que se confundan con las condiciones reales. Y en última instancia, también altera las funciones sexuales.

Polvos mágicos

Ambos tóxicos, el éxtasis y la marihuana, agudizan algunas sensaciones placenteras y aumentan el deseo, ello hace que los encuentros sexuales sean más intensos. “Algunas parejas relatan la experiencia como mágica. Muchos refieren que la impresión es la de estar profundamente enamorado, pero la realidad es que es un enamoramiento químico que sólo dura un rato”, asegura el sexólogo Patricio Gómez Di Leva.

“Los jóvenes, generalmente, consumen en busca de nuevas y excitantes experiencias. Pero en algunos casos lo hacen para llenar sensaciones de vacío muy intensas, y estas situaciones en las que se busca evadir algunos conflictos existenciales pueden generar problemas, ya que el vacío persiste”, explica Gómez Di Leva.

En definitiva, los tóxicos comienzan a funcionar como aliados a la hora de relacionarse con el sexo opuesto, pero si a la larga se genera una dependencia -como siempre ocurre cuando ella aparece- ya todo deja de ser sensual, erótico o mágico.

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