En internet todavía se transita por los carriles del increíble mundo de la web 2.0. Con usuarios capaces de generar contenido, esa primera gran evolución, que comenzó allá por 2004, supo dejar atrás el concepto estático de las páginas 1.0. Sin embargo, ya empezaron a ensayarse los primeros cambios de lo que sería la 3.0, el nuevo salto informático que revolucionará todo lo conocido hasta el momento.

TXT Andra Sitt
Por todas partes abundan las especulaciones de lo que vendrá. Siempre se piensa en el futuro y en el desarrollo de las tecnologías que rodean al hombre, sobre todo cuando tienen que ver con las comunicaciones e internet. Y a decir verdad, la web nunca descansa.
Lejos quedó el concepto de la web tradicional, que ofrecía principalmente páginas estáticas HTML creadas por webmasters, los únicos entendidos en el área. Por entonces, los métodos de publicación eran mucho más complejos. Y por eso, ellos eran los responsables de contenidos actualizados con poca frecuencia. Mientras existió este formato, la gente común tuvo un rol pasivo: desde el otro lado del monitor, el usuario sólo se limitaba a recibir la información a través de una conexión dial up.
Hoy la historia es diferente. Aunque se lo recuerde como un modelo más lejano, en 2004 la mega compañía O’Reilly & Asociados (fundada por Tim O’Reilly y Dale Dougherty), con la colaboración de Craig Cane, estableció las bases para desarrollar la web 2.0. Si bien el término sugiere una nueva versión de la original, no hizo falta cambiar ninguna especificación técnica. En realidad, el nuevo proyecto sólo amplió las posibilidades de desarrollo del software.
El cambio tiene que ver con transformar la web a una guía de sitios capaces de intercambiar información sobre sus contenidos, convirtiéndola en una base de datos global.
Pero esta plataforma parece haber cumplido su ciclo. Ya se habla de la próxima generación de internet, de una web inteligente conocida como la 3.0. El objetivo del cambio tiene que ver con añadirle significado, de manera que se convierta en una guía con sitios capaces de intercambiar información sobre sus contenidos, logrando así convertir la red en una base de datos global.
Sin fecha exacta para su lanzamiento, sólo es cuestión de aguardar un tiempo -probablemente breve- para experimentar los nuevos cambios que la web 3.0 está preparando.
Web tradicional
Las primitivas herramientas y soluciones que ofrecía hacían que la web no fuera un medio masivo, ni siquiera atractivo para ser explotado por el marketing y la comunicación.
Las primitivas herramientas y soluciones que ofrecía la plataforma 1.0 hacían que la web no fuera un medio masivo, ni siquiera atractivo para ser explotado por el marketing y la comunicación de grandes y pequeñas empresas. El usuario era sólo receptor de información, no tenía posibilidad de interactuar con los editores de las páginas ni con los demás interesados. No existía espacio para dejar comentarios, realizar votaciones, enviar mensajes o cualquier otro widget de este tipo. Internet era una fuente de datos incompleta y poco consultada, dado que había poca variedad de información por ese límite tecnológico que la caracterizó.
Segunda generación
Al aumentar la producción de contenidos, creció a su vez la segmentación del mismo, lo que significó que los usuarios puedan acceder a información que no se publican en los medios convencionales.
Basada en comunidades de usuarios y una gama especial de servicios como las redes sociales, los blogs y los wikis, que fomentan la colaboración y el intercambio ágil de información entre las personas, la web 2.0 convirtió a los consumidores en “prosumidores”. Ello significa que los usuarios son productores de la misma información que consumen. Ya nadie queda indiferente frente a todo lo que ocurre en el mundo cibernético. Todos pueden publicar noticias, informes, opiniones y cualquier tipo de data. Entre sus consecuencias, se produjo una democratización en las comunicaciones. Y al aumentar la producción de la información, creció a su vez la segmentación del contenido. Además, los usuarios puedan acceder a información no publicada por los medios convencionales.
Aparición semántica
De esta manera, a través de la identidad del usuario, los buscadores seleccionan un contenido más preciso y significativo para el consumidor.
Se pretende que los procesadores de la información tomen protagonismo y se orienten hacia una lógica donde las máquinas “entiendan” a las personas, procesando de manera eficiente y catalogada la avalancha de información publicada en la web. De este modo, identificando al usuario, los buscadores seleccionan un contenido más preciso y significativo para el consumidor. Por otro lado, tiene costado oscuro: mientras que el usuario adapta su perfil y perfecciona las búsquedas que realiza en internet, sin enterarse, las empresas van a poder utilizar toda esa información para identificar consumidores y manipularlos con la correspondiente publicidad.
