Con su sonrisa y sus gestos, Florencia Peña se infiltró en el espacio del humor, un territorio que parecía reservado para machos. Si bien le gusta explorar otros huecos, se luce como una gran comediante y bromea con que sus fichas ya están jugadas. Por eso, sin timidez, se pone la nariz de payaso y sale al escenario para hacer de este mundo un lugar más serio. txt LEANDRO SERJAI & ANDRA SITT / ph MALALA FONTÁN

¿Mi juego favorito? ¡Jugar a la masajista!”, suelta Florencia Peña, entre risas y sin ponerse colorada. En seguida, busca la mirada cómplice de su marido, el músico Mariano Otero. “¿Ves que su defecto es ser impulsiva?”, resalta él, muy atento a una respuesta que había dado antes y, en cambio, sí un tanto avergonzado.
Pero ella es así: divertida, guarra, natural. Y si bien está lleno de mujeres capaces de hacer reír a cualquiera, pocas logran trascender con esa faceta a la condición de actriz, con todas las letras. Porque indudablemente, explorando el drama y la comedia en medidas muy similares, Flor se ganó un lugar entre los talentosos de su profesión. Y si alguien todavía tiene dudas, puede acercarse al teatro a ver “Frankie & Johnny en el Claro de Luna”, esperar el estreno de “Botineras” en Telefé o mirar por el mismo canal “Flor de palabra”, un programa que si bien es de preguntas y respuestas está adaptado desde su formato para que se luzca con lo que mejor hace.
En distintas entrevistas repetiste que te costó que te “reconocieran como actriz”. Entonces, ¿por qué un programa de preguntas y respuestas?
Porque en realidad es otra cosa, y se llama “Flor de palabra” y no “20Q”, su nombre original. Este programa es funcional a mí y no al revés. Tiene condimentos donde mi actriz se hace muy presente. Está hecho para que yo sea la Florencia Peña reconocible.
“Pareciera que ser popular te quita la posibilidad de ser talentoso. Y eso es una lucha constante”
¿Y qué cosas te hacen reconocible en este programa?
Por ejemplo, que arranco con un pequeño monólogo de humor, por el manejo que tengo con la gente y por cómo me relaciono con el invitado y con los participantes. Está sujeto a mi persona.
Cuando te describís como una “actriz barroca”, ¿a qué te referís?
A que a mí me gusta actuar. No soy una actriz que encara personajes desde el naturismo, a la que vas a escuchar hablando sin emoción. Yo compongo con muchos firuletes, mis personajes son completos. A veces lo logro más, otras menos, pero me copa que tengan adicionales, que sean como universos. No me atraen los personajes básicos.

¿Notás una suerte de auge del género comedia musical?
No sé a qué responde el fenómeno, supongo que se debe a que hay algo del show que es atractivo: ver a alguien cantar, actuar y bailar. Sin embargo, nosotros no sabemos hacerlas del todo bien. En la Argentina, a diferencia de los Estados Unidos, la comedia musical no es un género especial, no hay gente que se dedica sólo a eso sino que todos ha-cemos todo, o lo que se puede.
Pero ya existen algunas escuelas del género, y tal vez en algunos años tengamos a esa gente.
Yo descreo del estudio global porque me parece que el picoteo no profundiza. Mi consejo sería: estudiá teatro y tomá clases de canto y de baile. Pero de la escuela de comedia musical no salís bailarín, ni cantante, ni actor. Eso no quita que haya gente con talento innato para destacarse en eso, pero la realidad es que no conozco a alguien que haya salido de una escuela de comedia musical y del que pueda decir: “¡Ah bueno, mirá lo actúa este pibe!”. Además, en el país se tiende a poner figuras que se sostengan junto con el nombre de la obra, y no hay muchas que sepan hacerlo bien. Acá son muy pocas las comedias musicales que funcionan con actores ignotos, porque la tomamos como un género menor.
“En la Argentina cantar y bailar es menor que hacer una obra de texto. Eso es algo terrible: la comedia musical está considerada como frívola. Y pasa lo mismo con el humor”
¿En qué sentido?
A mí "Sweet Charity" me dio muy buenas críticas. Fue algo novedoso, fuerte y atractivo, y la verdad no puedo quejarme porque todo el mundo habló genial de la comedia. Pero me está dando más “Frankie & Johnny”, que es una obra pequeña donde no canto ni bailo. Pareciera que cantar y bailar es menor que hacer una obra de texto, y me pasa porque la gente me dice “¡Ay, no te tenía así en una obra de texto!”. Entonces pienso: en Charity cantaba, bailaba, lloraba, me reía, hacía comedia, drama, ¡y veo que no alcanza! Eso es algo terrible: la comedia musical está considerada como frívola. Y pasa lo mismo con el humor.
Entonces, ¿por qué elegiste explorar el género?
Hice “Charity” después de haber hecho diez comedias musicales, y me decían “¡Ah, cantás, bailás!”. (Risas). Es una tomada de pelo. Pero a mí “Charity” me dio mucho, porque es un estilo de comedia musical que no abunda, es una historia bastante profunda para el género. Eso tienen las obras de Bob Fosse: la profundidad actoral que a mí me gusta. Yo trato de elegir, dentro de este género que me fascina, aquellos trabajos que me permitan un crecimiento actoral más que uno vocal, porque yo canto en pos de una actuación, no soy cantante. Y bailo, pero no soy bailarina.
Recién decías que con el humor pasa algo similar a lo que ocurre con la comedia musical.
Debo reconocer que ser una actriz de humor me resta a la hora de las nominaciones. Siempre que me ternaron para “Mejor Actriz” y competí con actrices de drama salí perdiendo. Pero es muy difícil hacer comedia. Y convertir la tragedia en humor es símbolo de inteligencia. Soy una admiradora de los grandes actores de comedia. Gérard Depardieu es un tipo que te acuesta haciendo un drama y te acuesta haciendo comedia, a mí me produce mucha admiración.
¿Y cuesta más siendo mujer?
El humor es muy machista. La mujer siempre tuvo un rol de bufón, fue el objeto de burla, y el hombre el que hacía reír. Y no somos tantas las minas que hemos logrado trascender esa barrera para ser consideradas graciosas. Hay muchas actrices que me hacen reír, pero no todas consiguen la popularidad, que es algo que te sucede o no.
A esta altura, suena fea la palabra “popularidad”.
Yo hablo de la popularidad bien entendida, no de una cosa vulgar. Porque está esa popularidad donde te la pasás entre escándalos para que te den cámara. Pero yo me refiero a la popularidad con contenido. La popularidad tiene una cosa hermosa, que es lo generás en la gente y la vuelta de eso, y otra tremenda, que es que pareciera que ser popular te quita la posibilidad de ser talentoso. Y eso es una lucha constante.

¿Todavía no superaste esa batalla?
Sí, pero también es una lucha diaria. Por eso hago especial hincapié en los trabajos que elijo, quiero que me generen desafío artístico, es lo que más me llena. Pero es difícil, porque el medio requiere que determinadas figuras hagan exactamente lo que el medio necesita para facturar. Es una lucha entre lo que yo quiero y lo que el medio necesita, y por eso también hago teatro para satisfacer mis necesidades artísticas.
¿Qué actriz podría seguir tus pasos?
No sé, supongo que el humor hay que descubrirlo. Yo no me descubrí graciosa a los 18 años, recién a los veintipico empecé a notar que la gente se reía de algunas cosas que hacía. Hay que dejarlo salir porque es una parte que uno tiene pero que no siempre la puede plasmar en el escenario. Para ser humorista tenés que sacar a jugar el niño interno, porque el adulto reprime. Igual veo que en los actores hay una tendencia a hacer carrera desde el drama, eso es más estratégico. Yo ya estoy jugada. (Risas).
¿Qué opinás del actual sinónimo de humor: Marcelo Tinelli?
No me gusta. Y mucho menos antes de una elección. A mí las imitaciones en general no me divierten, no tengo ese tipo de humor. Me parece que roza lo patético, pero yo no soy la medida del humor, hay mucha gente que lo sigue.
REMIX
1. Mi principal defecto
Impulsiva.
2.Mis héroes de ficción favoritos
Superman & Mary Poppins.
3. la profesión que nunca ejercería
Medicina. Veo sangre y me descompongo.
4. El don de la naturaleza que desearía poseer
Ser más alta.
5. Lo que más detesto
La mediocridad
6. El sonido que más me aborrece escuchar
El Heavy Metal
7. mi insulto favorito
Andá a la puta que te parió.
8. Con qué me gastaban en el colegio
Con las tetas.
9. qué objeto eliminaría del mundo
La picana y cualquier otro objeto de tortura.
10. Mi juego preferido
Jugar a la masajista.

