Domingo, 05 de Febrero del 2012

bs.As, Argentina
2009-12-11
Revoluciones sexuales

Según el reconocido psicólogo Sigmund Freud, el ser humano está atravesado por la sexualidad. Esa premisa ayuda a comprender la variedad de determinados comportamientos sexuales que se dieron en diferentes sociedades a lo largo de la historia. Las diferencias entre las personas le dieron lugar a las revoluciones sexuales, las responsables de las transformaciones de ciertas normas y el acercamiento de nuevas ideas y conceptos sobre el sexo, que nos traen hasta el día de hoy. Txt Andra Sitt IMG MSOULE

¿Cuántas citas debemos tener para llegar al sexo de una manera políticamente correcta? Es una pregunta difícil de contestar sobre todo porque él y yo nos conocimos en una discoteca hace tan sólo algunas semanas. Mejor hubiera sido que fuera un compañero de la facultad, un viejo amigo del colegio o por lo menos un conocido de algún conocido. Pero no. Esa noche después de cruzar una seria de miradas, esperé que se me acercara para invitarme a bailar. Y yo,  ¿qué tenía que hacer? Absolutamente nada (esa es una de las ventajas de ser mujer) aunque aquel chico realmente me gustaba. Después de que el DJ pasó tres temas, desde de la barra lo vi venir caminando directamente hacia mi con una cerveza en cada mano. “Ya está, es mío”, pensé.

Pero, ¿qué hubiera pasado si justo en ese momento a él le agarraba un ataque de timidez y de baja autoestima y no se atrevía si quiera a pasarme por al lado? Yo tendría que haber tomado coraje y la iniciativa, aunque ese no es la actitud más popular que toma la mujer. En ningún lugar están escritas las obligaciones y actitudes que cada sexo debe acatar en determinadas circunstancias, porque en realidad, cada individuo tiene su propia libertad. Tal vez, él prefería quedarse pasivo y aguardar a que yo me acercara con dos cervezas, sin embargo, por lo general nosotras esperamos que ellos cumplan con ciertas normas, ya sea para que se perfilen como el príncipe azul o el anti-príncipe. Del otro lado también hay una expectativa según de qué “clase de chica" se trate, porque nosotras podemos ser catalogadas de tres formas: la amiga, la mujer de su vida y la “turrita”. Todos corremos el riesgo de ser mal interpretados, juzgados, y esto tiene que ver con que los prejuicios y temores están fuertemente instalados en la sociedad y en nuestras mentes. ¿Quién dijo que las cosas tienen que ser así?

“Somos nosotros mismos y nuestras actitudes las que definen lo que cada uno espera sexualmente del otro”.

Allá por el mil ochocientos, un par de alemanes intelectuales se hicieron la misma pregunta y llegaron a una conclusión que compartieron con toda la sociedad de Berlín: Crearon la primera organización homosexual, con el objetivo de abolir el Artículo 175 que penaba la homosexualidad como delito y la juzgaba moralmente como pecado. El hecho fue el primer paso de un largo camino hacia una revolución sexual, que aún genera polémica y supone una aceptación paulatina de aquella iniciativa. Tomó mucho tiempo que las personas, de diferentes partes del mundo, fueran integrando el movimiento gay, al concepto de lo normal. ¿Por qué no salieron antes del closet?

Los jóvenes estadounidenses de los años ‘60, en plena guerra con Vietnam, tomaron conciencia de que, a fin de cuentas, eran ellos los que conformaban el pensamiento colectivo y se propusieron crear una nueva corriente. El desarrollo de la farmacología anticonceptiva, que se implantó a finales de esa década en todo el mundo, se sumó al movimiento y marcó la llegada de una segunda revolución sexual, impulsada por “la píldora revolucionaria”.

A partir de ese momento se supone un nuevo punto de partida en la historia de la cultura de los comportamientos humanos. La sexualidad quedó dividida en dos campos: El de la procreación, por un lado, y por otro totalmente separado, el del puro goce. De un instante a otro el contexto cambió por completo, la virginidad comenzó a perder un significativo valor. Ya no todas las mujeres querían esperar hasta el matrimonio para tener sexo seguro y prefirieron probar la satisfacción con libertad, sin preocuparse por quedar embarazadas.

Una vez que los pensamientos estereotipados cambiaron, ese tipo de comportamiento dejó de ser tan mal visto y las diferencias de género se redujeron. Ellos tuvieron que acostumbrarse a la idea de que su futura esposa podría tener más o mejor experiencia sexual y un extenso historial de amantes.

Con el cambio de siglo llega también una tercera revolución que tiende al boicot de las relaciones sexuales ya que, implica la utilización de mecanismos artificiales de excitación, lo suficientemente sofisticados para gozar sin compañía  y, a su vez con esta misma lógica, la reproducción ya no implica encontrar un compañero de carne y hueso para llevarla a cabo. Esto se traduce en que el desarrollo de la fecundación asistida y los mecanismos de laboratorio sustituyeron a la unión conyugal y lograron la separación entre sexualidad y procreación.

Sin embargo, el sexo lejos está de ser extinto porque no es una mera función corporal, si no un acto social. Naturalmente, a menudo entendemos que las relaciones sexuales son algo que pertenece exclusivamente al ámbito privado de las personas, pero este concepto es incorrecto, ya que en realidad, tiene características públicas porque, como toda relación social, está sujeta a ciertas normas que son transmitidas y modificadas a través de un proceso educativo.

“Naturalmente, entendemos que las relaciones sexuales son algo que pertenece exclusivamente al ámbito privado de las personas, pero este concepto es incorrecto, ya que en realidad, tiene características públicas”.

Entonces volviendo a la pregunta original “¿quién dijo que las cosas tienen que ser así?”, podría resolverse que somos nosotros mismos y nuestras actitudes las que definen lo que cada uno espera sexualmente del otro. Entre dos hay que llegar a un común denominador para poder disfrutar del sexo de una manera divertida y segura, sin tabúes de por medio. Por eso cualquiera podría invocar, si quisiera, por una cuarta revolución sexual, (ya sea con su pareja o con el afuera) para que se reduzcan aún más las diferencias entre hombre y mujeres, desaparezcan los prejuicios, se fomente la tolerancia por la libertad de la expresión erótica o,  tal vez, para que llegue de una vez por todas el fin de la infidelidad, con la disociación del sexo y el amor como factores que obligatoriamente van de la mano.

 

 

 

 

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