Durante todo el 2010 asistiremos a un sin fin de eventos organizados por y para recordar “El bicentenario” de la patria. ¿Qué significó para el pueblo? ¿Cuánto influyó aquel inicio, para la conformación de nuestro Ser Nacional? En estas líneas intentamos dar alguna explicación a estos interrogantes. Para saber si Argentino se nace o se hace. Txt Nicolás Saraintaris / www.buzztezos.com • Img msoule

El 25 de mayo se cumplirán doscientos años desde que el país comenzara su andadura institucional más allá de las intenciones españolas. Destituido Cisneros, era hora de que la Primera Junta, presidida por Cornelio Saavedra, colocara la base primigenia para la constitución de nuestra Nación. Pero todo esto lo deben haber visto en el colegio o en algún programa por el que se haya paseado aquel historiador estrella —sí, ése del apellido que va como piña—. Lo que probablemente no conozcan es el episodio de la campana.
Resulta que en aquellas turbulentas jornadas de mayo, los revolucionarios se alzaron con la victoria y por fin consumaron el designio de constituir un gobierno propio. Y qué mejor que comunicárselo al pueblo para que lo ratifique ¿no? Ocurre que ya era tarde en el nuevo país y el clima no acompañaba. Llovía y la multitud en la plaza no era tal. Se mandó entonces a tocar la campana del Cabildo para comunicar la buena nueva. Pero la campana no tenía badajo.
El badajo es el instrumento de metal que golpea los bordes y produce el onomatopéyico “tolón-tolón” del que también nos hablaron en el colegio ¿Qué hacer? Según se dejó constancia en el acta del Cabildo, se despertaría al pueblo “con o sin badajo”, recurriendo a otros medios, como el toque de generala por parte del ejército. De esta manera, el país nacía de noche e improvisando soluciones ante los inconvenientes.
¿No resume el ser argentino este breve relato? ¿No fue hace doscientos años que nacimos como argentinos que somos? Porque si hablamos de determinaciones geográficas, éstas no pueden ser más que prejuicios o sociología de la más barata, de esa que abunda en los libros de “chistes de”. Pero resulta interesante pensar que desde un primer momento debimos apelar a la creatividad que hoy es marca patentada por nuestros compatriotas y verdadero orgullo nacional.
En la ciencia, el cine y la publicidad —entre otras “actividades técnicas”— los argentinos nos destacamos. El argumento parece ser siempre el mismo: partiendo desde la imposibilidad, arrancando desde el error y las cosas que no salen como queremos, llegamos indefectiblemente a obtener los resultados que buscamos a través de tortuosos —y a veces torcidos— procesos y caminos. Creativos a la fuerza, se dirá.
En las artes también nos destacamos. Como país que se construye sobre la marcha e improvisa, nuestros artistas cuentan con la posibilidad siempre nueva, siempre mágica, de contar. Nada funciona desde el comienzo, no abundan las novelas cuadradas ni los Copycats en nuestro ser nacional: el arte de la improvisación nos acompaña hace siglos. Por eso nuestra literatura es tan bien recibida afuera, donde sorprende por inesperada.
Pero no sólo en la técnica o en el arte somos creativos. Verdaderos MacGyver´s de la cotidianidad, los argentinos logramos llevar adelante nuestras vidas a través de una compleja sucesión de acciones que tienen como fin último hacer que la guita nos alcance hasta fin de mes. Nada se nos regala, los inconvenientes se multiplican y nuestro ingenio se fortalece día tras día.
Pero no todo es alegría en el escenario de nuestra argentinidad. No todo es estar al palo, también hay balde de agua fría, qué se creen. Así como contamos con una capacidad de improvisación maravillosa, todo parece hecho de alambre en el país. No solemos ir a las bases. Si hay algo que parece que ya no aguanta más, siempre tendremos más alambre para solucionarlo. Así nos va, también.
Doscientos años de alambre es mucho tiempo. Somos chamuyeros, creativos, cancheros y nos gusta la noche. Desde que sonara la campana sin badajo lo sabemos. Pero debemos entender que algo de orden se necesita, un poco, el necesario al menos para que no exista tanto agujero donde se cuele la duda, el chanchullo y la corrupción. Nacidos bajo el signo de la creatividad, no nos acostumbramos a que las cosas pueden salir bien desde un principio. Condenados al alambre, a veces nos olvidamos de que hay algunos materiales más fuertes que se pueden utilizar para la construcción de una patria y que por utilizarlos no dejaremos de ser lo que somos. Hace doscientos años, la Primera Junta colocaba una piedra a la que podemos volver. Y doscientos años más tarde, ya va siendo hora de que le coloquemos el badajo a la campana.


