ES COMÚN QUE AL CAMINAR POR CIERTAS ZONAS, ALGÚN AMIGO NOS CUENTE ESA HISTORIA TRUCULENTA, QUE NO PODEMOS DEJAR DE CONOCER. CON LOS AÑOS, EL "BOCA EN BOCA" HACE DE ESTOS RELATOS, VERDADEROS GUIONES DE TERROR. TXT ANTONELLA ORLANDO

Mirar de reojo, cruzar de vereda, persignarse, agudizar el oído cuando se pasa la puerta. Esas son algunas de las actitudes que toma la gente cuando pasa por lugares donde determinadas leyendas urbanas se han hecho historia. Siempre existirá el dilema de si la superstición forma parte de la identidad de los seres humanos. Si la capacidad para crear historias paranormales y fantásticas, nos vuelve reticentes a ciertos callejones, ciertas ventanas, cierta manera del soplar del viento, ciertos rostros en el subte, ciertas fechas. Muchos relatos no son un eco perdido, un rumor. Determinadas situaciones se repiten una y otra vez, en barrios donde sus ¿fantasmas? son famosos.
Ventanas que fueron únicos testigos de desapariciones, leones de bronce que se asoman entre jardines y encierran secretos, espìritus recorriendo las bóvedas de una iglesia. Proponemos un recorrido distinto al ya conocido por la mayoría. Acercamos otras historias para aquellos curiosos que quieran experimentar escalofrìos, poner en acción todos los sentidos. ¿Se necesita ser valiente? La respuesta depende de cada uno.
Esas sombras, entre los mármoles con melena
“Días hubo en que se imaginó un encuentro sensacional, algún hombre que le hablara de las selvas y tuviera en su casa un león domesticado. Su abrazo sería infatigable y ella lo amaría como una esclava”.
Roberto Arlt, Los Siete Locos.
Una mansión estilo francés y repleta de pasadizos internos, llamada La Casa de Los Leones ubicada en la Av. Montes de Oca 1270, es el escenario de esta trágica historia familiar.
El hogar le pertenecía desde 1880 a Eustaquio Díaz Vélez, un millonario argentino que tenía una extraña pasión por los leones. Tal fanatismo llegó a extremos impensados: mandó a traer de Europa dos ejemplares machos, para criarlos en el jardín. Restos pequeños de las jaulas aún pueden observarse en el bello y extenso parque que rodea el lugar. Las leoneras estaban conectadas por una escalera que llevaba al interior del hogar. Vélez vivía este amor tan mitológico como extraño, sin medir las consecuencias…hasta una noche de 1930.
Debería haber sido una velada tranquila, apacible. Su hija había invitado a su prometido a cenar. Cuenta la leyenda que en algún momento, luego de la cena, uno de los animales se abalanzó sobre él y lo mató. Ella más tarde se suicidó.
Un tiempo después de la tragedia, los fantasmas de la pareja comenzaron a aparecer en las habitaciones y el parque. Los susurros y las sombras se transformaron en elementos habituales de la vida en la mansión.
Eustaquio creyó que para librar al lugar de las apariciones y dejar ir en paz a las almas de su hija y su yerno, debía deshacerse de los leones. Esta tarea la llevó a cabo, pero decidió dejar una huella imborrable de la presencia de sus amadas criaturas: hizo tallar sus cabezas sobre las arcadas de las puertas de entrada a la mansión y colocó tres estatuas en el jardín.
Actualmente, la mansión es sede de la Fundación Vitra, un centro de capacitación. La arquitectura del lugar se conserva prácticamente intacta y tan imponente como en el pasado. Aún pueden observarse las cabezas talladas y las estatuas no han sido removidas del jardín. Una de ellas representa a un león luchando con un hombre…como si una de las “mascotas” de Veléz, hubiera sido eternizada.
Muchos vecinos aseguran escuchar ruidos extraños por las noches. Dato curioso y no menor: la manzana donde está la mansión, se encuentra poblada por decenas de gatos, que a la noche duermen en el jardín de Eustaquio Veléz. Como si aún se custodiara el lugar.
Las pinturas malditas
“…oh, que olvidado lo tengo en todo, qué difícil es tocarlo de alguna manera y qué fácil sería si tomara ese papel blanco que tengo en mi escritorio, y un lápiz, o quizá, sí, sí me gustaría más un poco de tinta china negra y una pluma, y un pincel, y hacer una tinta sensacional…placer, hacerlo por placer. Pero no. Renacería la esperanza, con ella el miedo, otro miedo distinto a este que llevo tan conocido, y no quiero”.
José Donoso, Lagartija sin cola.
Usualmente se dice que el arte vive eternamente, mientras el artista muere. Para el caso de la torre embrujada del barrio de La Boca, la historia no parece ser la misma. Así lo afirman, los vecinos que se persignan al pasar por el edificio que se encuentra en Benito Pérez Galdós 390, en de la ochava de Pérez Galdós, W.Villafañe y Alte.Brown.
La puerta permanece cerrada. Las ventanas canceladas y oscuras, como si nunca sus interiores hubieran visto la luz…o como si no debiera salir algo que reside dentro. En este tétrico edificio estilo Art Noveau, vivió una pintora solitaria llamada Clementina. Disfrutaba del silencio de atelier que daba a la calle y de la luz que entraba por esas mismas ventanas, hoy celladas.
Existen dos versiones sobre lo sucedido con ella. Una incluye duendes endemoniados. Otra, un corazón roto y un amor no corres-pondido. Un periodista fue a hacerle una nota, y ella permitió que obtuviera fotografías de sus obras para luego ponerlas junto a la entrevista. Según dicen, el hombre al relevar los negativos se percató de que en todas las fotos de las pinturas de Clementina, aparecían tres duendes. Volvió al edificio de Galdós, para mostrárselas a la mujer y ésta, horrorizada, pidió que se fuera. Días más tarde, los vecinos comprobaron que Clementina había desaparecido sin dejar rastros de ella…ni de sus pinturas.
O tal vez fue un novio no correspondido, que hizo que la pintora se tire de la torre.
Lo cierto es que los vecinos se hacen la señal de la cruz cuando pasan por el lugar, y por la noche, si uno se acerca lo suficiente al lugar, escucha ruidos extraños en el interior.
Sobre exorcismos y secretos
“Repetía un nombre. Llamaba a alguien. Sí, sin duda oía correctamente. Me escondí detrás del banco más cercano. El nombre volvió a sonar algo más claro, pero aún no lo suficiente. Me a-rrastré a lo largo del banco hasta el confesionario y, desde ahí, miré alrededor. La voz se intensificó; tenía un tono opaco y lastimero, como si surgiera de las profundidades de la tierra”.
Milös Urban, Las Siete Iglesias.
Luces, susurros, sombras que provienen de la Iglesia San Benito, del predio donde se encuentra la Embajada de Alemania. Que salen de todos y de ningún lado. Como si dentro del corto espacio que separa a estos dos lugares, se creara un tiempo paralelo, una vía alternativa…de escape, de ida y venida, de fantasmas. Desde 1966 hasta 1983 la Embajada de Alemania tuvo su sede en Maipú 942. En el sitio donde hoy reside, ubicado en Villanueva 1055 y Luis María Ocampo, antes vivió una familia alemana de banqueros, los Tornquist.
Ernesto Tornquist fue un importante empresario argentino que hizo construir la mansión, al lado de la Iglesia. Luego de su muerte en 1908, el terreno fue vendido a la familia Casullo y años más tarde pasó a manos de los Blaquier. Éstos, desaparecieron misteriosamente, con el amparo de la noche. Ningún vecino supo de su paradero. No hubo aviso, carta, ni siquiera un criado que cuidara la casa. Los ecos de su carruaje se perdieron. Días más tarde un monaguillo decidió ingresar. ¿La razón? Un olor extraño se sentía desde el altar de la Iglesia e inundaba los pasillos. ¿La causa? Recostado en el piso frío y silencioso del comedor, estaba el cuerpo de Alfio, el hijo menor de los Blaquier.
El terreno quedó deshabitado por muchos años y los agentes de bienes raíces, no encontraban un dueño potencial para el lugar. La historia del niño Blaquier era famosa en el barrio…y famosas eran también las historias de apariciones, de gritos agudos, de sombras en el enorme jardín. Final y paradójicamente, otros alemanes adquirieron el terrero en 1975. Esta vez, fueron delegados internacionales del país, que con intención de construir la embajada llamaron a un concurso de arquitectos. Pocos se acercaron. La mansión y el fantasma, parecían ser las causas. La obra fue adjudicada al arquitecto Dieter Oesterlen y en 1980 se inició la construcción. En abril de 1983, se inauguró la nueva Embajada.
Pocos metros separan la arboleda de ese sitio, de la piedra fría de la Iglesia San Benito. La creencia general es que las luces y susurros que surgen de los alrededores, no son solo obra del niño Blaquier, sino también de espíritus malignos expulsados por los curas
A pesar que las autoridades de la Iglesia jamás avalaron la versión, lo cierto es que San Benito es conocido como el santo de los moribundos, de las almas en pena, de las causas imposibles, de los envenenados…y de los exorcismos. ¿Coincidencia, sugestión o causalidad? Pregunten a los vecinos del barrio de Palermo que narran una y otra vez esta historia. Pregunten a los devotos de San Benito que en-cienden velas los 21 de cada mes. O vayan a la Iglesia cuando está atardeciendo, luego de la misa de las 19.30. Extensas bóvedas blancas, altares y pasadillos silenciosos. Solo resta sentarse en un banco…y esperar.
_______________________________________________________________

Felicitas Guerrero. Nació en Buenos Aires en 1846 y falleció el 30 enero de 1872, a manos de Enrique Ocampo, un pretendiente que la acechaba. Los padres construyeron una capilla en su honor, en Barracas. Cuentan que todos los 30 de enero puede verse su fantasma llorando por los alrededores.
La Dama de Blanco. Esa mujer llora en la calle, un hombre se acerca y la acompaña toda la noche. Hasta que ella desaparece en los pasillos del Cementerio de la Recoleta. Hay dos versiones sobre quién es la joven. Una, nombra a Luz María García Velloso que murió en 1925, a los 15 años. Su bóveda está en el cementerio. Otros dicen que es Rufina Cambaceres, enterrada en 1902. Un par de días más tarde, el cuidador comunicó que el cajón se había movido. Cuando lo abrieron, encontraron a la joven con el rostro arañado.
Elisa Brown, hija del almirante Guillermo Brown, se suicidó en diciembre de 1927 en el Río de la Plata. La razón encierra una trágica historia de amor: la muerte de su novio en alta mar, el capitán Francis Drummond. La carta militar con el aviso, le llega con un anillo de compromiso que Francis pensaba darle a su retorno. En la Boca dicen que aún pasea por las calles.
_______________________________________________________________

_______________________________________________________________

Voy todos los dias a maipu 942 no sabia esa historia!!!...
Muy buena nota, cuantas cosas que no sabemos de nuestra propia ciudad!!..
suerteee
Excelente nota, Buenos AIres está llena de historias, hay un programa de radio en el que pasan todas stas leyendas urbanas, es El Umbral, en AM BELGRANO 950.
