
No haber vivido esa época donde lo irreal era parte de la novedad del cine limita considerablemente ante sus posibilidades; por entonces, los mundos eran claramente imaginarios. En cambio ahora se confía en las imágenes que aparecen en la pantalla. Desconfiar de esa imagen, que supuestamente muestra algo real, es parte de la experiencia perceptiva del cine. Creer sin necesidad de pruebas es cosa de todos los días; como espectadores, sólo resta tomar ese lugar e imaginar sin límites.
Si pensamos a ‘la Derrota’ como contraparte de la victoria, siempre será tomada como algo negativo. Pensemos por fuera de esta dialéctica (típicamente argentina) y empecemos a distinguir estos dos términos. Según el diccionario la primera definición de derrota es el vencimiento completo o la destrucción total de algo. Si bien la mayoría de las películas basan su estructura en el esquema de fuerzas (heredado del teatro) para el cine la derrota es una circunstancia temporal, una situación dada que se resuelve, o no. Las películas tienen una duración especifica, empiezan y terminan indefectiblemente, pero el poder de su arte esta en el mundo que crean a su alrededor y no en las circunstancias que se exponen. Veremos en estas películas que filmar la derrota no es fácil, menos cuando la derrota es verdadera. ¿Tragedia?
Los personajes de nuestras películas preferidas usualmente desean realizar una acción u obtener un objeto. Una vez que lo consiguen, se termina el interés por aquel personaje y la película se termina. El Deseo es una pulsión psíquica, es lo que pone en acción a las personas como también lo que activa nuestra imaginación frente a las historias. ¿Los deseos dejan de ser interesantes una vez que los cumplimos? ¡No! Existen las secuelas, los dobletes, ¿un trío quizás?... Cumplir un deseo implica, además, saber que podemos realizar otro. Por algo antes de soplar las velitas pedimos tres deseos.
El grupo familiar puede verse como unidad mínima de la sociedad, pero es algo más: se ocupa de transmitir valores, identidades e ideas a través del tiempo, de generación en generación. En estos días, no podemos hacer una clasificación única, ni siquiera la relación sanguínea entre personas es un denominador común para definir hoy lo que es una Familia.
En un siglo donde los medios intentan apropiarse del significante “tradición familiar” para imponer ideas únicas y homogéneas, el cine se pone al día y propone transmitir conceptos más allá de lo tradicional: a favor de la mezcla, la crítica y la coexistencia de ideas heterogéneas. La idea de Familia no es una sola, ya no puede serlo. Y el cine va más allá del costumbrismo televisivo para mostrar lo “real” a través de sus diferencias.
Tiempo y espacio son cuestiones intrínsecas del pensamiento humano, dimensiones que ponen límite a nuestra conciencia. Dejando en evidencia estas fronteras, nos permitimos pensar qué hay más allá. La ciudad es tema de muchas películas, incluso podría decirse que el cine no existiría sin la ciudad. Por eso el eje de este Orbitando (que podría haber sido rebautizado como “Deambulando”) nos lleva a dar un paseo por las ciudades reales o imaginarias del cine.
La muerte es la prueba del límite de nuestra existencia. Hay muerte en el camino de todos. Incluso quienes creen en la reencarnación la consideran como parte intrínseca de lo humano. Dice un tema de La Renga: “La muerte nos da toda una vida de ventaja”, es sólo cuestión de tiempo. Mientras tanto, vivamos.
Elijan la opción que mas les guste. “El cine Argentino es… lento, pretencioso, elitista, aburrido.”. Existen en el cine argentino peliculas buenas y malas, aburridas y entretenidas, inteligentes y berretas tanto en el ámbito artístico como en el cine de género. Pero principalmente cuenta con una gran variedad de temas, estilos y géneros. De ahí la dificultad de definir al cine nacional, no se lo puede ver como un grupo homogéneo. No se dejen llevar por el decálogo de prejuicios que existen contra nuestro cine porque en el país del cocoliche todo se mezcla, nada se le parece a nada, elijan la opción que más les guste.
Cine Nacional como el Rock Nacional. El cine independiente puede compararse con una joven banda de Rock Nacional, girando eventualmente por bares, llevando sus equipos en la Traffic del Tío del Baterista. Y las películas con perfil comercial pueden parecerse a bandas establecidas que no tienen problema en llenar un estadio. Sabemos que en los dos casos no se puede comparar su “éxito” o “fracaso”mirando solo la taquilla.
Es cierto que la Cinematografía Argentina tuvo una explosión medible en la cantidad de estrenos. Es cierto, pero polémico. Mucho de lo que se estrenó es de interés para unos pocos y en algunos casos no lograron generarle el más mínimo interés a nadie. Las películas taquilleras tampoco son mejores. Su popularidad no se da por su inteligencia u originalidad, son en general ideas mediocres impulsadas únicamente por el aparato mediático que las apoya y hacen que los prejuicios contra NUESTRO cine sigan existiendo. El BAFICI genera grandes expectativas cada año (cerca de 200.000 entradas vendidas este año), pero fuera de ese ámbito especifico no funcionan comercialmente (tampoco puede decirse que se hace mucho para ayudarlas a que funcionen).
Los invito a la busqueda, como lo hicieron nuestros padres, no mucho tiempo atrás, descubriendo el Rock en castellano con LOS GATOS, lo que hicieron nuestros hermanos mayores escapando de la oscuridad del proceso copiando Cassettes de SUMO, VIRUS o CHARLY entre tantos otros. Encontremos NUESTRO CINE.
Los sueños son una realidad simultánea y alterna a nuestra percepción. Sólo accedemos a ellos en estados de conciencia donde no se controla los límites de la mente. No es algo intelectual. El mundo de los sueños, según culturas milenarias (y también algunas ciencias modernas), es como una conciencia universal, el océano donde confluye la energía de todas las cosas vivas.


