El 16 de abril de 1984, hombres y mujeres con gustos sexuales rechazados por el Derecho y la moral institucionalizaron sus esfuerzos con la meta de normalizar sus preferencias a la hora de elegir orientación sexual e identidad de género. La Comunidad Homosexual Argentina (CHA) cumple 25 años de conquistas políticas y victorias culturales, y WATT sopla una vela en su honor.

¡Qué difícil debe ser “salir del closet”! En este mundo tan educado, es de mal gusto andar por las calles gritando cosas distintas a las que enseñan los padres, el colegio y la religión: la santa trinidad versión 2.0. Encima, ningún psicoanalista recomienda pedirle al corazón que baje su voz para pasar desapercibido.
Pero los gays, lesbianas, travestis, transexuales y bisexuales (GLTTB) que alguna vez lograron escapar del closet comprendieron que sólo ellos, desde afuera, podían destrabar las puertas que aprisionan alrededor de un 10 por ciento de los mortales. Y que para eso, debían emprender la difícil tarea de lograr que “las cosas distintas” suenen normales.
En la Argentina, la fecha fundamental de esta causa fue el 16 de abril de 1984. Aquella noche, unas 150 personas impulsadas por la fuerza ilimitada del corazón crearon la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), la institución GLTTB más antigua y emblemática del país. Aunque le llevó sus años, esta minoría sexual logró madurar políticamente para obtener así su primer derecho.
Ahora que estaban unidos podían triunfar. Y después de constituir a la CHA como Asociación Civil, en lo que fue el segundo antecedente de legalización de una organización homosexual en América Latina, vino el resto: por un lado, una ardua serie de conquistas políticas para que cualquier GLTTB pudiera ser igual ante la ley, y por otro, un sinfín de actividades culturales para mostrarse públicamente. Como la gente normal.
En todos estos años, la CHA acompañó a Alfredo Pascale, el beneficiario de la primera pensión por viudez gay y a “Tania”, el primer transexual al que le reconocieron su identidad en el DNI sin haberse hecho la cirugía de reasignación sexual. También promueve el primer sábado de noviembre la Marcha del Orgullo GLTTB, fue la prime-ra organización nacional en realizar una campaña de prevención de Sida, presentó el proyecto de Ley de Unión Civil en la Le-gislatura de la Ciudad y presta distintos servicios gratuitos para su comunidad, tales como asesoramiento legal, consultorio de salud mental y línea telefónica contra la discriminación las 24 horas.
Por eso, ahora que finamente se pueden empezar a gritar algunas cosas distintas afuera de la casa, resulta más fácil “salir del closet”. Los esfuerzos de la CHA colaboraron para que los gustos de las minorías sexuales dejen de atentar contra la moral y las buenas costumbres, y lo cierto es que muchas personas son felices porque se sienten libres de elegir su orientación sexual e identidad de género.
A esta altura, los próceres de la causa GLTTB deben estar más que satisfechos. Cuando los valores pueden exhibirse en la calle, los futuros padres y maestros crecen con un sentido del gusto distinto al que tenían las generaciones anteriores. Y aunque les lleva más tiempo, a los futuros profetas religiosos les pasa lo mismo.
