¿Qué mejor que ser uno mismo? Más aún, si te pagan por ello. Pero puede resultar un gran desafío, sobre todo para Mariana Briski, acostumbrada a encarnar personajes de los más diversos. Cada noche, junto a Mariana Fabbiani y Humberto Tortonese, la nueva panelista de RSM divierte con frescura a sus televidentes, y despliega con total libertad su humor irónico, pícaro y femenino. Txt Victoria Bianco & Andra Sitt - Ph Vanesa Krongold

Después de haberse alejado un largo período de los medios tras un complicado cáncer de mamas, Mariana Briski volvió enérgica y renovada, sin dejar de aprovechar esta nueva oportunidad. Además de integrar el equipo de RSM, se sumó al staff de “Day Tripper” en la Rock & Pop junto a Juan Di Natale, participa en “Resumiendo”, el programa de los Korol que transmite Canal 7 y es la entrenadora actoral del renovado “Pakapaka”, por Encuentro. Y como si todavía fuera poco, esta mujer que alguna vez bromeó con que le gustaría “ver a Pergolini en una porno”, continúa al frente de sus clases de entrenamiento actoral con rutina café concert en Gargantúa.
Con mucha actitud y fuerza, Briski se adapta a los nuevos formatos para acercarnos el humor que empezó a ejercer en los ‘80, desde el under del Parakultural con el grupo “Las Barbies”, o más ade-lante, cuando saltó a la fama con el absurdo que proponían los programas “De la cabeza” y “Cha cha cha”, hoy leyendas de la televisión nacional.
¿Qué cosas cambian para hacer reír al público en la tele, la radio y el teatro?
Cambia el contacto, el lenguaje y los matices. Al principio salía en la radio con "Teresita", y me pintaba la boca porque yo lo necesitaba. Pero ahí los personajes transitan lugares más sonoros y de fantasía. En el caso de la tele, tiene que ver con la síntesis de lo efectivo y el poco tiempo que tiene el personaje para desarrollarse. Finalmente, en teatro, el rol es más casero, se ve abierto de piernas en su máximo esplendor y se trasforma orgánicamente según lo que va pasando.
¿Y en qué medio preferís armar personajes?
Me siento como un chico al que le preguntan si quiere más a la mamá o al papá. Prefiero no aburrirme. Eso sí, en el momento en que los personajes em-piezan a enojarse conmigo y yo con ellos hay que cambiar, abandonar ciertos roles porque no van con el lugar. Cada personaje que interpreto tiene que tener una identificación y tiene que decir cosas, no ser sólo un entretenedor.
¿Por qué aceptaste participar en RSM?
Tenía ganas de verme en una situación diferente, nunca fui panelista y menos de un programa que hable de la tele. Por lo general, siempre critiqué mi propio trabajo y no el de los demás. También me sedujo lo novedoso y la practicidad, por más que suene un poco superfluo de mi parte. El clima de laburo es sincero, es como estar en una reunión de amigos, termina el día y no noto el desgaste físico que demanda hacer una tira, que si bien me encanta, requiere de mucho tiempo.
¿RSM se ajusta a tus necesidades actuales?
Sí, sobre todo por lo que hoy tengo ganas de vivir y de disfrutar.
¿Qué es lo que más te cuesta de ser panelista?
Cuando me toca trabajar de mí misma, hacer de Mariana con todo lo que implica, porque soy insoportable. (Risas). Es raro que alguien se detenga a escuchar qué es lo que opino, eso todavía me cuesta entenderlo, se me hace difícil. Me pregunto a quién le puedo interesar detrás de una entrevista larga, si después el diario pasa a ser el fondo del baño de un gato. Supongo que al otro hay algo que le llega, lo transforma y le modifica cosas. Es un dar y recibir, después cada uno hace con eso lo que quiere.
¿Y cuándo das clases?
Cuando doy clases eso no me pasa. Ahí siento que la alimentación es mutua. Los alumnos te dan y vos hacés una devolución. En cambio, en una entrevista o en una apreciación mía en la tele, me resulta extraño, no le agarro la vuelta.
¿Por eso desarrollaste personajes, además de ser sólo Mariana?
Estar sólo sentada en el panel, opinando, no me alcanzaba. Las luces, las cámaras y el decorado, más mi propio impulso por actuar, hicieron que aparezca la sexóloga “Chechu Arriaga” y “Teresita Lamcaster”, una señora que vive en un country.
¿Esas creaciones de dónde vienen?
Responden mucho a una necesidad personal y del entorno. Los personajes que ahora transitan RSM fueron compuestos para un café concert, y sufrieron adaptaciones. La "Teresita" de la tele no es la misma que la de radio. Es como la vida misma, uno no se maneja en todos los lugares de igual manera. Ese es el juego lindo del actor: poder transitar con colores diferentes y vivir lo más real posible.
¿Cuál es tu mayor dificultad en RSM?
Me cuesta mucho hablar mal de los otros. Cuando lo hago, no quiere decir que pienso mal de esas personas. Hay algunas de las que hablaría muy mal, pero me cuesta decirlo porque así alimento una situación que no está buena. Pero son las reglas de la tele, y por eso me pareció interesante hacer este trabajo. También me gusta el aprendizaje y el haberme ganado esta beca, porque sólo fue un casting y al ruedo.
¿Y cómo llevás el aprendizaje?
Con muchas pastillas y mucho alcohol. (Risas). Paso de estar atenta a sentirme incómoda. Es lo que también me propongo en mi vida: cuando algo me incomoda trato de avanzar y de dejarlo fluir estando presente.
¿Cómo te sentís después de haber superado el cáncer?
Fue un aprendizaje que me ayudó a cambiar la mirada de la vida. Al principio fue una desesperación porque uno viene para encontraste con cosas lindas y cree que nunca le va a pasar algo malo.
