Domingo, 05 de Febrero del 2012

bs.As, Argentina
2009-07-01
Mala mala eres

La primera vez que se subió a un escenario tenía nueve años, y a los diez ya había debutado en la pantalla chica. Desde entonces, prácticamente jamás dejó de explorar ambos caminos y construyó una carrera brillante por donde se la mire. Hoy reparte su tiempo entre las grabaciones de la tira más vista por las noches, “Valientes”, los ensayos de su próxima obra y su hija. Eleonora Wexler, la actriz de teatro que más hace televisión, o viceversa. TXT Lorena Aznar

Allá por 1983 existió una comedia musical que alcanzó un éxito terrible. La obra se llamaba “Annie”, y en otra prueba de que casi todo está inventado, su casting fue televisado. Ese desafío fue el punto de partida de Eleonora Wexler, que por entonces tenía apenas 9 años. Y si bien todavía no vislumbraba con claridad que lo suyo sería la actuación, el destino parecía jugar su primera movida al hacerla ingresar al mundo de los actores tanto desde el teatro como desde la televisión.

A partir de allí, y hasta el día de hoy, casi todos los años incursionó en los dos ámbitos al mismo tiempo. Y con semejante frenesí, al que tuvo que sumarle en 2004 su nuevo rol de madre, llegó esta temporada a la tira más vista en horario prime time, “Valientes”. Luego de grabar su última escena del día, enérgica como si recién hubiera llegado al set de filmación, Wexler pide su almuerzo y despliega toda su amabilidad.

¿Por qué, en general, hacés el papel de la mala, la loca, la obsesiva de la novela?
Si veo toda mi carrera, no fueron tantos. Pasa que estos personajes, los malos, los locos, los conflictivos, no pasan desapercibidos. Ellos arman el lío, están capacitados para hacer cualquier cosa, y son como inimputables. Entonces, quedan muy marcados.

¿Qué podés destacar de ese tipo de personajes?
Tienen más rienda libre, nadie sabe cómo actuarían. Por ahí, el bueno cuenta con demasiadas limitaciones. En cambio, los malos te permiten jugar con mayor libertad, irte para cualquier lado. Uno los va construyendo según para dónde salga. Pero en definitiva, lo que me gusta es actuar: encarnar distintas personalidades y hacerle creer a la gente que soy eso.

¿Qué caracteriza a Juana, tu personaje en “Valientes”?
Lo que me parece interesante de ese personaje es que no tiene que ver con algo lineal. Juana tiene varias aristas, es una personalidad diferente según la otra persona. En cambio Rita, en “Son de Fierro”, por ejemplo, siempre mostraba lo mismo, ya veías claramente en ella a una asesina serial, una loca desquiciada.

En general, en la calle ¿la gente te quiere o te odia?
Mirá, es muy loco. Ya van varias personas que me dicen: “Te odio Juana, pero te amo, te juro que te amo”. Eso, para mí, simboliza que lo que cuento está llegando, porque si sólo hiciera sentir odio no alcanzaría. Juana hace maldades, pero desde un lugar de enferma, tiene una historia dura. Esa dualidad es lo más interesante. Y me gusta que aparezca siempre, hace más persona al personaje. Nadie es tan bueno ni tan malo.

¿Es difícil separar el personaje de la persona?
Hay un lugar donde no es tan fácil. Pero a medida que uno madura tiene más posibilidades de hacerlo. Yo no tengo nada que ver con Juana, ella no tiene siquiera mis gestos.

¿Qué encontrás en el teatro?
El teatro me da una totalidad, de cuerpo y alma. Ahí estoy completa. Siento la vibración de la gente, eso no lo tenés en ningún otro lado, y es maravilloso.

¿Cómo fue esa experiencia de presentarte en un casting embarazada y después de volver a actuar con una beba chiquita?
En realidad, fue un poco inconciente. Cuando llegó la posibilidad de hacer el casting estaba embarazada de cuatro meses. Me iba de viaje y pensé: “Bueno, voy, no pierdo nada”. Lo hice muy relajada y sin presión, y en algún lugar eso me benefició. Después me fui y cuando volví me enteré que había quedado seleccionada. En el momento que empecé la obra, Miranda, mi hija, tenía tres meses, y yo no me sentía la misma mujer, ni me sentía actuando de la misma manera, eso es re loco.

Miranda te cambió la manera de ver las cosas.
Absolutamente. Me cambió en las prioridades. Cuando uno se corre para dejar lugar a lo más importante, que es el otro, siente que adentro se modifica algo. Los hijos son como un seminario intensivo para dejar de ser el centro de todo, para ponerse un poquito de costado. Además, pude tomar cosas de ella para actuar. Por ejemplo, Juana es muy primitiva emocionalmente. Y el otro día me descubrí en una escena llorando como una nena, ¡como el llanto de mi hija”.

¿Cuál es tu próximo proyecto teatral?
Apareció una propuesta que me interesa mucho. Nunca hice algo de (Federico García) Lorca, y me convocaron para interpretar “Bodas de Sangre”. Este mes comenzamos con los ensayos y vamos a presentarla desde septiembre hasta noviembre en el Cervantes.

¿Qué otras obras tenés pendientes?
“Hedda Gabler” (Henrik Ibsen), “Fool for Love” (Sam Shepard), Macbeth (William Shakespeare) y María Estuardo (Friedrich Schiller) son algunos clásicos que me gustaría hacer.

 

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2009-07-01
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