Domingo, 05 de Febrero del 2012

bs.As, Argentina
2009-08-03
LITERATURA ERÓTICA

Quien se haya quedado con las ganas de participar en una orgía, experimentar con alguien del mismo sexo, hacerlo en la vía pública, cumplir el rol de amante o tal vez incursionar en el masoquismo -por nombrar algunas fantasías- cuenta con un camino alternativo para, de algún modo, sentirse protagonista de cada una de esas historias. Tan sólo con sumergirse en la literatura erótica se pueden romper los límites sexuales, y entrar así en un mundo donde cualquiera es capaz de sentir el goce en su propia piel. Txt Andra Sitt

¿Cuántos eufemismos o adjetivos se podrían utilizar para aludir a los actos sexuales o a las partes del cuerpo? Pensar más de diez puede resultar una tarea difícil, sobre todo si se quiere evitar la típica jerga guaranga y popular.

Sin embargo, grandes escritores como Giovanni Boccaccio, Marqués de Sade (quien prestó su nombre para inaugurar léxicamente el sadismo), Henry Miller o Anais Nin, entre otros, encontraron mil y un maneras de plasmar en sus relatos literarios descripciones poéticas, explícitas y detalladas del pene, la vagina y el encuentro entre ambos.

“ Un libro puede ser un lugar en el que cada autor embotella sus energías más poderosas y que, al abrirse, turbaría todo de una contagiosa ola de deseo ”

Lamentablemente, esos textos y muchos otros -cada uno en su época- estuvieron ocultos de la mirada pública de la sociedad durante años, dejando a muchos autores detrás de las rejas por narrar temas “pecaminosos”. Aunque aquel prejuicio era un tanto simplificador: detrás de las obra y de las descripciones sexuales se escondían fuertes críticas y comentarios políticos y sociales tan fundamentados como los que pudieran encontrarse en cualquier otro género literario.

Tal vez, aquel rechazo se dio y se sigue dando porque la gente teme que el volcán dormido dentro de sus entrañas erupcione ante textos que guardan frases eróticas y obscenas. Es imposible negar que el cuerpo humano es inevitablemente sensible a las palabras porque pueden hacerlo llorar, temblar y, por supuesto, calentar. Vale aclarar que los primeros acercamientos a esta literatura conseguirían sonrojar a más de uno, incluso a aquellos que se creen que se las saben todas, porque un libro puede ser también una caja de Pandora. Un lugar en el que cada autor embotella sus energías más poderosas y que, al abrirse, turbaría todo de una contagiosa ola de deseo.

Lo cierto es que, según desde la perspectiva en que se lea, un relato erótico puede ser una visión libre de las relaciones humanas, en la que el erotismo y el ansia del placer no excluyen la belleza, el sentimiento, la amistad y la búsqueda de la autenticidad. Como así también puede resultar, simplemente, un conjunto enérgico de palabras sexys que describen un clima seductor, expresivo y sensual, tal vez más efectivo que la pornografía, para disparar la imaginación y la curiosidad del lector. Cualquier representación lingüística que convoca a lo invisible en todo su poder es erótica porque el erotismo no es el acto, por el contrario, es la pura potencialidad del mismo y la posibilidad de consumarlo.

“ El erotismo no es el acto, por el contrario, es la pura potencialidad del mismo y la posibilidad de consumarlo ”

El encanto del género reside en lo que no se ve, por eso cada oración encierra un poder absoluto de la fantasía y la sexualidad se amplía y deja de ser sólo un encuentro íntimo de dos cuerpos, se trasforma en una odisea que incluye infinitos detalles y toques que determinan el arte de hacer el amor.

Tomar un texto obsceno podría convertirse en un experimento encantador para compartir. ¿A quién no le gustaría que le susurren al oído todo tipo de descripciones puras de los placeres carnales ajenos?  Combinar la lectura grupal con el intercambio de deseos e ilusiones es capaz de derivar en un disparador sugestivo mental y corporal, y a su vez en un acto sexual renovador. También puede ser una opción tentadora para aquellos que se mantienen lejos de las palabras escritas y no tienen el hábito de la lectura cotidiana.

Adentro de la literatura erótica habitan novelas de ficción, cuentos, poesías, obras de teatro, memorias, manuales de sexo o nada más ni nada menos que historias de sexo de gente común. Porque a fin de cuentas contarlas y compartirlas explícitamente, con todas sus expresiones posibles, forma parte de algo natural y primitivo que habita en todos los seres humanos. Y entrar en ese mundo, a través de la lectura, puede ser divertido, motivador e interesante para ampliar el espectro sexual personal.



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