Por mucho tiempo la moda mostró las carencias, abundancias y diferencias de nuestras sociedades. Pero hoy estamos frente a un nuevo fenómeno: hombres y mujeres unidos por una estética que por primera vez nos mimetiza. Ser o parecer en la sociedad de la igualdad. TXT Florencia Guerrero

¿Cuántas veces revolviendo percheros nos encontramos con nuestros mejores amigos? O en una reunión, ese chico que te gusta tiene la campera que… te compraste la semana pasada. Es que lo que antes parecía fundamental en la diferenciación de sexos, hoy se ha simplificado, al punto de igualarnos hasta en cuestiones estéticas.
Hombres que se pintan las uñas y visten chupines coloridos, mujeres que abandonan el maquillaje y llenan su placard con ropa holgada y zapatillas. Igual, parece que esta tendencia de mezclar no es nueva, la “Moda Unisex” arrancó hace décadas y ha sufrido cambios con el tiempo.
“La moda exige que el cuerpo sea útil” explican Paula Croci y Alejandra Vitale en “Los cuerpos dóciles: Hacia un tratado sobre la moda”, donde hacen un recorrido argumentativo en el que parece claro que el motor de las tendencias está íntimamente relacionado con las necesidades del mercado. En este sentido también opina Rosa Iglesias, directora de El Museo del Traje, para quién las tendencias no obedecen a la voluntad de los diseñadores, sino más bien a los designios de cada sociedad.
“En los años 20 la falda se levanta hasta la rodilla, en un gesto desesperado por despertar interés en el hombre de posguerra.”
Los años locos
Allá por 1920, la silueta andrógina llegaba para revolucionarlo todo. Esa filosofía demandó la igualdad entre hombres y mujeres e incluyó tanto a la industria del vestido, como a los modos de actuar en sociedad. La directora de El Museo del Traje explica que ese movimiento implicó que el papel de la mujer sufriera cambios intermitentes pero profundos, desde el siglo pasado, que han marcado a muchas generaciones.
Hasta ese momento la mujer elegía un estilo ultra femenino en el que predominaban las caderas y cintura muy marcadas, pero con la guerra del 1914 cambió todo porque estas mismas damas debieron salir de sus pintorescos hogares para trabajar en las fábricas que dejanron sus maridos, al partir hacia el campo de batalla.
La inversión de roles en la sociedad empujó los cambios estéticos, que no se hicieron esperar. Al no haber hombres porque estaban en la guerra o, a su regreso, en depresión por el estado en el que esta los devuelve.
“Los cambios más profundos que tuvo la moda llegaron acompañando el reacomodamiento de los roles sociales.”
¿Cómo es la nueva forma de vestir del Charleston? de golpe, la falda se levanta hasta la rodilla, en un gesto casi desesperado de las mujeres que querían volver a despertar el interés del hombre de posguerra (que vuelve cansado y deprimido). El traje ceñido cambia a furró, sin forma, y el cabello sube hasta desnudar la nuca de damas que ahora parecen jovencitos.
Ya desde aquel entonces, los argentinos recibimos las nuevas tendencias por la relación que nos une con Europa y Estados Unidos, dos países que fueron directamente afectados por la guerra.
De igual a igual
Los cambios más profundos que tuvo la moda llegaron acompañando el reacomodamiento de los roles sociales, pero eso no implicó la voluntad de cambio de hombres y mujeres, más bien fueron obligados a ello.
En la Segunda Guerra Mundial, otra vez aparece la necesidad de que ambos sexos cambien sus actividades normales, pero ahora la mujer no irá a la fábrica, sino que sale a ganar el lugar más destacado: la empresa. Estados Unidos tiene una participación temprana en el conflicto, y las mujeres que hasta ese momento estaban guardadas en sus casas, terminan introduciéndose en un mundo que le es totalmente ajeno, cambiando radicalmente sus prendas cotidianas: comienza el uso (y a veces abuzo) de enormes hombreras, el traje sastre de corte masculino, y sobre todo las plataformas, que a diferencia de lo que muchas creen no son para estilizar las piernas, sino un mecanismo de poder porque sirven para poder mirar al hombre de igual a igual.
El fin de la guerra, traerá nuevamente el estilo femenino con la fuerza de una marca registrada: Christian Dior, con una línea en la que abundan Strapless, hombros desnudos y cantidades de tul.
“La convivencia de estilos sin marcar una identidad demuestra un profundo estado de crisis, que incluye a la moda ”
En la búsqueda
En los 80, retornan las hombreras y la masculinización de la figura, para lograr presencia. Será marcada por algunos especialistas como la década de las secretarias ejecutivas. Pero pasado ese período se reinicia una etapa de transición.
“¿Hoy el mundo de quién es?- se pregunta Iglesias- Pareciera que el hombre está dejando muchos espacios libres. La moda ya no es andrógina, ni netamente masculina, sino que tiende a indefinir”. Parece un hecho que hoy coexisten diversas tendencias, a diferencia de los 40 u 80 cuando si salías sin hombreras ¡no existías!
En Argentina todo parece posible. Según Iglesias, la convivencia de estilos, sin marcar una identidad, demuestra un profundo estado de crisis, que incluye a la moda. “Queda claro al ver a las modelos actuales, siempre desfilando con caras tristes y sin gracia”, señala la directora del Museo del Traje que asemeja este proceso con la propia Edad Media, un modelo cultural que se termina y la incertidumbre por no saber claramente hacia donde vamos. Algunos hablan de que recién en el 2020 las tendencias estarán más marcadas, por ahora, ni feministas, ni machistas. Los hábitos de vestido fueron y vinieron durante el tiempo desde el Siglo XX y parece que eso seguirá mutando. Mientras tanto, vale casi todo.



“Los roles se mezclan”
En éste momento de la historia, las mujeres y los hombres llegaron a un punto de practicidad máxima a la hora de vestirse, por eso es muy bueno que ciertas prendas sean unisex: es el caso de los pantalones, las camisas, las botas y las remeras.
Esta nueva tendencia al vestirnos se debe a que tanto la mujer como el hombre tomamos actitudes del sexo opuesto en la vida profesional y personal. Por ejemplo, las mujeres ahora ocupamos una posición mas importante en el aspecto empresarial, tenemos proyectos y emprendimientos y ¡este fenómeno no se daba hace un siglo atrás! ¡Es evidente, el rol de ambos sexos se cruza y se mezcla!
El hombre por su lado, al tener una mujer mas activa en todos los aspectos, tiene ahora mas tiempo para dedicarle a la estética, por lo que gasta más energías en ver qué está a la moda, qué prenda se puede comprar, qué colores son los que representan la última tendencia. En rasgos generales, ellos también se volvieron más “femeninos”.
Igualmente, no creo que la mujer haya perdido femineidad. Siempre están las prendas sexys y los colores que nos marcan como mujeres atractivas y femeninas, cada una elije.
Angie Chevallier
Diseñadora de Ay Not Dead


“Es terrible”
Creo que esta moda de “la nueva moda”, es terrible. Desde los principios de la indumentaria en sí, es decir desde que pudimos vestirnos con criterio y libertad, tanto hombres como mujeres decidimos marcar las diferencias más lindas que existen entre ambos sexos.
En un contexto en el que es difícil llegar al óptimo en cualquier disciplina (arte, estética, arquitectura, música y moda), se generan nuevas miradas. Sin duda, si hoy se cree que llevar ropa de hombre para ellas y tomar actitudes femeninas en el vestir para ellos está bien, es porque estamos creando una nueva tendencia de cartón.
Pero yo creo profundamente que al hombre le gusta la mujer femenina y que viste como tal, y a la mujer le gusta el hombre bien masculino, de lo contrario llagará el día en que se pierda el deseo y el misterio entre los dos.
Para mí la tendencia de querer parecerse al otro sexo es lamentable, no hay nada más lindo que ser mujer y que se note la belleza y la gracia del género y lo mismo de parte de los hombres.
Hubo una época importantísima, que no se pudo superar. En el Renacimiento, las mujeres mostraban y resaltaban aquellos divinos rasgos de su femineidad: senos, caderas y cintura. Está todo dicho, no creo que cuatro diseñadores locos hayan superado el concepto de belleza de esa época de gloria.
En estas nuevas formas de vivir la moda los diseñadores tenemos mucho que ver ¡basta de andróginos en la pasarela!
Verónica de la Canal
Estilista y Diseñadora


