El 23 de octubre Charly García cumple 58 años y lo festeja con un recital en Vélez que marcará su regreso definitivo a los escenarios, después de un cuadro de salud verdaderamente complicado. De vuelta de todo, el genio más grande del rock nacional vuelve a caminar entre mortales, tranquilo, como quien sabe que ante una nueva visita de la parca tendrá otra finta para poder esquivarla. TXT Nicolás Saraintaris- IMG Frano

Charly tiene un tema con la muerte. De hecho, tiene muchos temas: “Canción para mi muerte”, “Rasguña las piedras”, “El show de los muertos” o “No te mueras en mi casa”, sólo por nombrar algunos. Esa cuestión en García parece un leitmotiv con el que el músico juega todo el tiempo. Y no sólo en el plano musical, se entiende porque Charly se encargó de hacer del peligro de muerte una forma de vida (en “Viernes 3am” dice: “El sueño de un sol y de un mar / y una vida peligrosa / cambiando lo amargo por miel”).
Y si hablamos de peligro, muchos recordarán el episodio de la pileta del Hotel Aconcagua en Mendoza. Corría el año 2000 y un increíble salto de nueve pisos hizo del músico una estrella en YouTube y en programas de archivo (cuando le preguntan por la sensación al tirarse, García responde: “vacío. Y después... el agua mojada”). Pero pocos se acordarán de la precuela de ese salto casi suicida, cuatro años antes, en un show en el teatro Ópera donde festejaba su cumpleaños número 45.
La anécdota cuenta que durante ese show, Juanse (el frontman de los Ratones Paranoicos) se arrojó al público e invitó a García a que hiciera lo mismo. Charly tiró los anteojos sobre la tarima que sostenía los teclados, corrió y saltó. El resultado: una vuelta carnero en el aire y caída de espaldas en el sector donde estaban las butacas. Cuando le preguntaron si se daba cuenta de que se podría haber matado, Charly contestó: “Es que yo crecí en una casa con pileta, manga de grasas”.
Y ya que hablamos de grasas, el regreso de Charly coincide con el 30 aniversario de su segundo disco con Serú Girán. Los más conocedores acordarán que en “La grasa de las capitales”, puede oírse una perfecta versión del ya comentado “Viernes 3am”, un tema en el que la muerte y el suicidio están presentes todo el tiempo. De hecho, Charly contó en una entrevista que dejó tocarlo algún tiempo, porque algunas madres le dijeron que sus hijos se suicidaron escuchándolo.
Entonces ¿qué tiene García con la muerte? ¿Por qué la excita y la rehúye? ¿Por qué le muestra las gambas y después le esquiva el bulto? No cabe ninguna duda de que elije ese juego peligroso de tentar a la parca: excesos, brotes y hasta saltos ornamentales a piletas no del todo llenas. La vida de Charly García es la vida de una verdadera estrella de rock, sí, pero con el sello “Say No More”.
En “el show de los muertos” Charly dice: “¿Cuántas veces tendré que morir para ser siempre yo?” Tal vez allí esté la clave de toda su obra. García logró hacer de la muerte un espectáculo cotidiano: vivió la muerte para cerrar el círculo y poder así darle toda la vuelta. Inmortal, Charly fue y vino cuantas veces quiso. Siempre de vuelta. Y si no, véanlo en Vélez o escuchen cualquiera de sus discos.


