Pequeñuelos de ojos grandes que quieren verlo todo, fantasía y la mirada puesta en uno mismo. Esa es la propuesta de Flavia Da Rin, ideal para recordar la infancia, este mes en que todos deberíamos festejar el día del niño. Txt Florencia Guerrero. ph gentileza galería ruth benzacar

“Yo no se cuántas noches de insomnio
en tus ojos pensando pasé;
pero sé que al dormirme una noche
con tus ojos pensando soñé...
Yo no sé que me han hecho tus ojos
que me embrujan con su resplandor…”.
"Yo no sé que me han dicho tus ojos”, rezaba aquella letra escrita en décadas pasadas, por un poeta al que el amor lo abrazó, desde la mirada de aquella mujer, o su voz. Leo su escritura y pienso, “¿qué me dicen éstos enormes, que aquí devuelven mi mirada?”, revuelvo en mi cabeza opciones. Una pequeña niña ¿asediada? ¿acompañada? Por ¿hadas?.
Enormes, profundos, tal vez más incisivos de lo habitual, a pesar de estar plasmados en un objeto de arte, sus ojos perdidos, penetran hasta la profundidad más oscura. La inocencia expuesta en una pintura. Pestañas extendidas al infinito, como buscando algo que no está, pero puede, tal vez, aparecer. Algo que traiga bienes sin precio de mercado, pero verdaderos como la felicidad, paz, amor. Algo. Persiguiendo aquello que si no está, creará su mente de niño inquieto. “Esos locos bajitos”, de Serrat, los desfavorecidos de Antonio Berni.
Tal vez en eso estaba la artista plástica Flavia Da Rin, en las diferentes realidades de los niños bonaerenses, realidad en la que creció. Podría ser que también le ayudara a pensar esa infancia, sus años de estudio en el IUNA. Con una técnica muy particular, la de duplicarse en imágenes diarias en las que se muestra, y a la vez ella misma puede reconocerse. Para algunos, maestra en el uso del Photoshop, para otros, un alma sensible indagando su propio interior, raspando lo que se ve, para encontrar y pulir aquello que ya no guarda, sino que abre y reparte en la multitud de sus propios reflejos fotográficos. Esa niña, que Da Rin, expone en cada flash, es ella misma o cualquiera de nosotros.
La historia de su persecución artística también podría estar ligada a una computadora, la primera que le regalaron de pequeña. Una "Color Me" en la que su padre le armó un archivo donde guardaba muñecas Barbie sobre las que ella misma jugaba. El apego con las muñecas siguió durante la universidad, en la que ella misma eligió focalizar su objeto de trabajo, fotografiándolas y modificando la imagen, también gracias a la tecnología. En fin, los autoretratos fueron casi un paso más en el proceso de exploración, y en ese juego, Da Rin explotó la idea de agrandar ciertas partes, cabezas, ojos, labios carnosos. “En una muestra varias personas se acercaron a preguntarme si eran pinturas, fue un elogio que recibí como artista, porque no hay mejor cosa para un fotógrafo que le digan que sus fotos son como pinturas”, comentó alguna vez.
“¡Revelación, revelada!”, exclamaron redundantes los críticos, en quienes las repeticiones lingüísticas quedan bien. Ocurre que el ambiente de la plástica ya había visto inquietudes artísticas ligadas con el autorretrato Picasso, Rembrant, Van Gogh, entre otros. Algunos podrán señalar que la fotografía amateur, apo-yada en la tecnología digital, ha permitido que muchos tomemos fotos de nosotros mismos, pero ciertamente ninguna de las nuestras caseras, sirven más que para el perfil de Facebook. Lo de Flavia Da Rin, claramente es diferente. La artista fue una de las revelaciones de los últimos años, sus trabajos cotizan en alta y uno de ellos fue tapa del catálogo de “Buenos Aires Photo 2007”, alabado por coleccionistas y público en general.
No hay dudas, en ésta como en tantas otras de sus obras, la artista apeló a ese mundo, el de la fantasía, el de las tardes, los juegos. Buscó para crear, a esa niña que fue y que aún hoy guarda en algunos rincones, en su propia cotidianeidad. Porque, en definitiva, ¿Quién no lo es? Pensemos por un segundo, todos tenemos un niño interno que elije pasar sus tardes con amigos frente a la Wii, o la pequeñita que sale cuando te sentás en tu computadora a escribir un blog con los cuentos, que pocos leerán, pero te ayudan a fugar la imaginación.
Así, a fuerza de revolver el mundo de la intros-pección, la artista encontró a la niña. Vaya a saber que se dijeron ambas, cuál es la dialéctica que las envuelve en sus conversaciones. ¿Hablarán de las hadas, que acompañan a la pequeña Flavia en la composición? Dos, diminutas, coloridas. Una le dice algo en secreto ¿qué le contará? Tal vez indiquen un camino posible para abrirse paso en el bosque o la fórmula para dejar que el niño que guarda en su interior perviva, no lo sabremos nunca.
