Jueves, 09 de Febrero del 2012

bs.As, Argentina
8/07/2009
Juan Domingo Perón

1 de mayo de 1952. Perón da inicio a su 2do mandato. Por primera vez habían votado las mujeres. Evita moría de cáncer el 26 de julio.

El día en que asumí el gobierno de la República declaré ante vuestra honorabilidad en este mismo recinto: "Mi empresa es alta y clara mi divisa; Mi causa es la causa del pueblo; Mi guía es la bandera de la patria". Han pasado los seis años de mi gobierno. Vengo a rendir cuenta de mis actos ante el pueblo argentino que representan los señores diputados y los señores senadores en esta asamblea extraordinaria de la Nación que preside, con la belleza incomparable de su dignidad, la magnífica bandera de nuestras glorias. A ella, símbolo eterno del alma y de la historia de nuestro pueblo, le ofrecí, en los albores de mi lucha, todas las victorias y todos los sacrificios de mi empresa. Ella, como guía de mis ideales, ha señalado siempre, a lo largo de todos estos años, los rumbos de mi camino. Ella ha permanecido siempre izada al tope de su mástil en la secreta intimidad de mi corazón, presidiendo mis pensamientos, mis sentimientos y mis actos. Muchas veces he tenido que levantar mis ojos hacia ella buscando, entre sus pliegues, los caminos de la fe y de la esperanza cuando el cerco de sus enemigos cerraba los caminos de la victoria. Permitidme, señores, que le entregue hoy el homenaje de mi gratitud dedicándole este mensaje de la nueva Argentina que por mis manos viene a ofrecerle nuestra generación en cumplimiento de su vocación irrevocable de justicia, de libertad y de soberanía. En esta oportunidad extraordinaria, vuestra honorabilidad representa con más realidad que nunca al auténtico pueblo de la patria. Por primera vez, el Presidente de los argentinos va a rendir cuenta de sus actos ante un Congreso que asume la personería integral de la República desde La Quiaca hasta la Antártida, y que tiene la honra de representar a todas las provincias y a todos los territorios de la Nación, y al mismo tiempo, el histórico privilegio de compartir con la mujer de nuestra tierra las responsabilidades comunes del destino común. Yo saludo, en la nueva representación femenina, a la mujer de nuestro pueblo. Ella incorpora a la vida política nacional los sentimientos generosos que ha venido sembrando, en el alma de los argentinos, desde los días inaugurales de la patria. En ella reside la explicación y la causa primera de todas las virtudes que adornan a nuestro pueblo. Por eso quiero rendirle, en esta magnífica ocasión y en nombre de la patria, mi mejor homenaje. (...) Cuando en 1946 realicé, ante mi propia conciencia, el examen de la situación argentina, advertí que la voluntad de nuestro pueblo, depositada en mis manos en las elecciones del 24 de febrero, exigía decisiones trascendentales y extraordinarios sacrificios. Alguna vez he recordado ya la resolución de aquel examen íntimo; y pido a vuestra honorabilidad que me dispense rememorar mis conclusiones de entonces porque ellas tienen palpitante actualidad y porque han de servirnos también como referencia de todas las apreciaciones y realidades que hoy quiero exponer ante mi pueblo. Estos eran los seis puntos fundamentales de mis pensamientos y mi resolución de 1946: 1. Cuando se viven tiempos de desbordados imperialismos, los Estados, como Hamlet, ven frente a sí el dilema de ser o no ser. 2. Por eso, la cuestión más importante para el gobernante de hoy es decidirse a enfrentar al exterior si quiere ser, o sacrificar lo interno, si renuncia a ser. 3. Cuando defienda su independencia, haga respetar su soberanía y mantenga el grado de dignidad compatible con lo que debe ser una Nación, deberá luchar duro con los déspotas y dominadores soportando virilmente sus golpes. 4. Cuando a todo ello renuncie, vivirá halagado por la falsa aureola que llega lejos, no enfrentará la lucha digna, pero tendrá que enfrentar la explotación de su pueblo y su dolor que golpearán implacablemente sobre su conciencia. Tendrá a menudo que recurrir al engaño para que lo tolere a su frente y renunciará a su independencia y soberanía juntamente con su dignidad. 5. Esta es la primera incógnita que debo despejar en el gobierno de mi país, delante mismo de mi pueblo. 6. Yo me decido por mi pueblo y por mi patria. Estoy dispuesto a enfrentar la insidia, la calumnia y la difamación de los enemigos de adentro y de sus agentes de afuera. Mi resolución fue definitiva. La empresa, por lo tanto, era difícil. Pero en el fondo de mis pupilas había quedado grabado para siempre el espectáculo de las masas sudorosas y sufrientes que habían desfilado ante mi presencia en los años difíciles y duros de la Secretaría de Trabajo y Previsión; y resplandecía aún, con el contraste de sus luces y de sus sombras, la noche maravillosa del 17 de octubre y en mis oídos resonaban las voces de los descamisados argentinos reclamando, con mi nombre, sus propios e inalienables derechos a la justicia y a la libertad. Con ese pueblo a mis espaldas, yo me pregunto qué empresa, por difícil que sea, no vale cualquier sacrificio aunque se trate del supremo sacrificio de la vida. El dilema de 1946 se ha cumplido en todos sus puntos inexorablemente. (...) La hora de este mensaje no es más difícil que las horas de los otros mensajes de mi gobierno. La hora de este mensaje nos encuentra en la misma lucha de los años pasados peleando frente a los mismos enemigos del exterior y frente a sus mismos testaferros de aquí. La situación de nuestra parte es bastante distinta, sin embargo. El éxito que ha coronado muchos de nuestros esfuerzos, ha excitado los enconos del enemigo derrotado. Pero frente a sus desplantes cada vez menos disfrazados y cada vez más claros en la maldad y en la perfidia de sus intenciones, frente a la creciente agresividad de sus ataques, nosotros ofrecemos ahora también la creciente resistencia de nuestras realidades fundamentales y la unidad maravillosa del pueblo que nos acompaña con plena conciencia del momento de lucha en que vivimosjugándonos todos los días nuestro destino y nuestra felicidad. Por eso la hora de este mensaje tiene la vibración del mismo optimismo con que todos los años, el 1 de Mayo, celebramos jubilosamente las victorias obtenidas. La justicia, la libertad y la soberanía son nuestras conquistas fundamentales. Somos un pueblo justo, libre y soberano. La nueva Argentina es, más que nunca, dueña de sus propios destinos. (...) Lo único que vence al tiempo son las organizaciones; pero las organizaciones imbuidas por la mística de un ideal superior a la vida misma de los hombres que lo alientan. Yo estoy profundamente satisfecho por la organización de nuestros trabajadores. En estos años decisivos, ellos han integrado una fuerza coherente que responde de manera orgánica a la conducción de sus dirigentes avezados y capaces. Yo me he preguntado muchas veces, frente a los peligros del exterior, cómo será posible para ellos vencer alguna vez a un pueblo organizado como el nuestro, cuando les cuesta tanta sangre y tanto dinero sojuzgar a las masas inorgánicas de los pueblos que dominan. La organización sindical, que entre nosotros ha adquirido magnífica personería en la Confederación General del Trabajo, cumple ante nosotros no sólo funciones directamente vinculadas a la actividad sindical. Muchas veces, y con mayor frecuencia a medida que va pasando el tiempo, son los obreros argentinos los que se interesan por los problemas de la industria o el comercio y de la producción, ante el saboteo deliberado de los viejos representantes de la plutocracia capitalista. (...) Aunque a muchos parezca extraño sería injusto con mi propia conciencia si no expresase, con la mejor palabra de mi cariño, mi cordial gratitud hacia una mujer de cuya personalidad no sé qué título merece más el agradecimiento del Presidente de la República: si su condición de líder del extraordinario movimiento peronista femenino, su carácter de presidenta de la Fundación de Ayuda Social que dirige, su apasionado amor por la causa de los trabajadores o su incansable lucha por el bienestar de los humildes. A ella, que ha sacrificado todo en aras de nuestros ideales, mi gratitud y mi homenaje junto con mi cariño, lo mejor de mi corazón. Quiero también agradecer al pueblo que nos ha acompañado con su fe y con su cariño en las jornadas alegres y amargas del camino andado. Yo me decidí por él en mi resolución de 1946. No me arrepiento ni me arrepentiré jamás. A lo largo de estos años he sentido muchas veces latir junto a mi pecho el corazón inmenso de nuestro pueblo. Esos momentos compensan todas las amarguras de la lucha y reconfortan para seguir afrontando las contingencias de las duras batallas que libramos. Creo haber cumplido con mi pueblo. Aunque me llamen tirano los de afuera... Esto estaba ya en mis previsiones de 1946, y no me extraña en absoluto. Prefiero que me llamen tirano los de afuera con tal de merecer el cariño de mi pueblo. Creo firmemente que llega en el mundo la hora de los pueblos.

Fuente Clarín

 

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