Los actores, dos de los protagonistas del film Las viudas de los jueves, que se estrena mañana,hablaron sobre sus trabajos

"Estamos muy orgullosos", fue la frase que más resonó en las salas del lugar donde se presentó Las viudas de los jueves, que se podrá ver desde mañana en las salas porteñas.
Otro estreno de cine argentino, otra historia que contar, y un elenco feliz por el resultado. Se trata nada más ni nada menos que de una película de Marcelo Piñeyro, director que permite, según coinciden varios actores, depositar una confianza ciega en lo que se verá en la pantalla grande.
Pablo Echarri, Leonardo Sbaraglia, Gabriela Toscano, Ernesto Alterio, Juan Diego Botto, Gloria Carrá, Ana Celentano y Juana Viale, son las ocho figuras que dan vida a la historia contada en el best seller de Claudia Piñeiro, que transcurre dentro de un country, pero que refleja plenamente lo que sucede tanto dentro como fuera de los alambres: lo complejo de las relaciones entre las personas -padres, hijos, amigos, vecinos-, las desdichas, los sufrimientos, y las frustraciones que genera querer mantener a toda costa una vida aparentemente llena de prosperidad y abundancia.
Hubo que esperar un rato, pero finalmente lanacion.com llegó a estar sentado frente a frente con dos de los galanes de la película: Sbaraglia y Echarri.
Cada uno con su estilo, el de Sabaraglia algo más pausado, y el de Echarri más vivaz, hablaron sobre sus personajes y reflexionaron sobre la historia.
"Toma el mundo de los countries como un telón de fondo y como una metáfora de algo que ocurre en la sociedad argentina, como una excusa para hablar de muchos otros aspectos de gente que prefiere acomodarse en una elite, que prefiere mirar hacia el costado, mirar sus propios intereses y no los del mundo, los de la humanidad", explicó Sbaraglia sobre la trama del film.
El actor da vida a Ronnie, un hombre de gran sentido del humor, desocupado, padre de Juan (Camilo Cuello Vitale), casado con Mavi (Gabriela Toscano) -el sostén económico de la familia-, y un buen amigo. "El mío es un personaje diferente a lo que venía haciendo, por eso me resultó muy interesante. Aparentemente tiene cosas superficiales, aparentemente es un perdedor pero, sin embargo, es quizás el único que sigue registrando su propia humanidad y la de la gente que lo rodea, que no ha sido dinamitado por las necesidades del sistema. Ha quedado afuera de ese engranaje y al quedar afuera puede mantener esa perspectiva de lo cruel y lo inhumano que es siempre el sistema", dijo.
Por su parte, Echarri explicó que su personaje muestra un estereotipo argentino -el de un hombre que a cierta edad empieza a preguntarse cómo poder pasar al frente, ser exitoso. Y eligió tres ideas para definirlo: "Es avasallante, gran amigo de sus amigos y un tanto inescrupuloso." Y aclaró: "El Tano es un tipo muy astuto y muy ameno para relacionarse, y verdaderamente tiene un motor muy fuerte, muy potente para llegar a sus objetivos. En eso quiero asemejarme un poco a él, sobre todo para seguir haciendo cosas que deseo hacer, poder seguir estando en este medio siempre de la mejor manera posible y seguir contanto historias que quiero contar".
-¿Esta es una de esas historias que querías contar en algún momento?
-La novela no la había leído. Primero leí el guión e inmediatamente después leí la novela. Cuando leí el guión supe que quería ser parte, primero porque venía de la mano de Marcelo y confío, con los ojos cerrados le digo que sí, y luego me di cuenta de que había hecho muy bien en decirle que sí. El sabe perfectamente qué es lo que necesita de mi y qué soy capaz de darle. Cuando leí la novela y el guión, me di cuenta de que sí, que son estas historias las quiero contar. Me parece que uno de los valores que tiene la película es que te lleva a la reflexión. Termina y tenés que sentarse a digerirla, a charlar, a hablar, a atar cabos de por qué sucedió lo que sucedió desde el comienzo. Y yo cada vez deseo más ese tipo de películas.
A diferencia del papel del Tano, "un rey sin corona", el que le tocó a Sbaraglia fue uno que debía mostrarse en una sintonía distinta y, por ende, más tranquilo pero a la vez cáustico. Llegar a elaborar esa personalidad no fue cosa fácil.
Así Sbaraglia contó que lo que más le costó fue encontrar el tono justo del personaje, porque tenía que tener una expresión donde se tenían que contar muchas cosas. "Por un lado, el de un tipo que su cuerpo estaba mucho más relajado que el del resto, porque no tenía esa tensión de tener que seguir enganchado a una carrera, y a la vez, un tipo que se tenía que ver como muy juguetón, muy irónico, pero sin perder la agudeza y la inteligencia".
Lo trabajaron con el director y poco a poco lo fueron logrando. Lo que se ve en la pantalla grande es un hombre que, a diferencia de sus amigos que van llegando a soluciones drásticas, "todavía tiene la posibilidad de poder registrar sus cosas más profundamente humanas". "Todos los demás han perdido su humanidad, a tal punto que son capaces de realizar y defender esa tarea mounstrosa", remarcó.
Las palabras de Echarri, quizás, expliquen un poco más cuál es esa tarea a la que se refiere Sbaraglia: "En la película todos de alguna forma intentan ser buenos padres, estar metidos dentro del sistema y disfrutar, y en la medida de lo posible también escalar. Como todo transcurre en el estallido de 2001 en la Argentina, cuando esa seguridad económica y financiera desaparece y esos personajes simplemente pusieron toda su libido en lograr ese cometido y se dan cuenta que con sus familias no han construido vínculo, la caída es muy grande", apuntó.
La nación
