El inglés Webb, quien fue muy criticado por su actuación en España y Holanda, confesó que "estoy física y emocionalmente agotado".

El árbitro inglés Howard Webb logró lo que pocos. Que España y Holanda lo criticaran luego de su mala actuación en la final del Mundo de Sudáfrica. Los campeones del mundo argumentaron que Webb permitió el juego brusco de los futbolistas de la Naranja. Y de la vereda de enfrente todavía le reclaman por un tiro de esquina que no concedió y que fue inmediatamente antes del gol de Iniesta. Los reclamos estuvieron repartidos y por eso se entiende cuando el árbitro confiesa que vivió "las dos horas más difíciles de mi vida".
¿Habrá quedado conforme con lo que hizo en el Soccer City? Algo es seguro. Los silbidos que recibió de parte del público en el momento que le entregaron la medalla por ser el juez del partido decisivo no los olvidará. "Estoy extenuado, física y mentalmente", le reconoció al diario británico Daily Mail en su edición de hoy. "Pero la FIFA nos apoyó mucho. No sólo por la final, sino también por nuestras actuaciones durante todo el torneo".
Webb, que mañana cumple 39 años, batió el récord de tarjetas amarillas en la final de un Mundial al mostrarle nueve a los holandeses (dos a John Heitinga, que fue expulsado) y cinco a los españoles. Sin embargo, Joseph Blatter, el presidente de la FIFA, lo respladó y declaró que "los jugadores no colaboraron".
Ayer, en Holanda, los títulos de los diarios tuvieron a Webb como el chico malo de la película. "La Naranja siente que le han robado", decía el periódico Allgemeen Dagblad.
Fuente: Clarín.
