La Argentina debutó con una goleada ante Sudáfrica por 5 a 2 y potenció la identificación con el público, ante unas 8500 personas; Aymar, figura dentro y fuera de la cancha.

Era el instante más esperado por las chicas desde los últimos Juegos Olímpicos. El chispazo con la gente que soñaron, cuando se confirmó que el Mundial se realizaría en casa. Se cristalizó una vez más esa simbiosis Leonas-público para agregar un eslabón más a esta mitológica historia deportiva. Para redondear la fiesta, la goleada en el debut del Grupo B ante Sudáfrica por 5-2, con la figura centelleante de Luciana Aymar (autora de tres goles), más los aportes de Noel Barrionuevo y Mariné Russo. En este arduo camino hacia el título, la segunda valla será Corea del Sur, mañana, que en el primer turno sorprendió a China y le ganó 2-1.
Nunca antes hubo en nuestro país una reunión del hockey sobre césped tan multitudinaria como la de anoche, con una convocatoria de 8500 espectadores para una capacidad de 12.000 que posee el Estadio Mundialista. Luis Ciancia, ex head coach de los seleccionados nacionales, relacionaba este certamen con aquel Mundial femenino de 1981 organizado en el campo de polo de Palermo: "Es como que compares un Lomas-Pucará de rugby con un Boca-River: nada que ver".
Entre la pasión reinante, vibraron con la victoria las medallistas de Sydney 2000 y las campeonas mundiales de Perth 2002, sentadas en un sector especial de plateas: allí estaban Aicega, Gambero, Rimoldi, Arrondo, Rognoni, Antoniska, Parodi, Hernández y Vukojicic. Desempeñando distintas funciones en el torneo, surgían también las sonrisas de Stepnik, Oneto, Ferrari, Margalot y Doreski, entre otras.
Las Leonas vivieron intensamente cada momento: la llegada al complejo, la entrada en calor frente a los hinchas, esa emotiva arenga final en el vestuario y, por supuesto, los goles. Lucha los gritó de cara a las plateas con la garganta al rojo vivo, como un tributo a todos esos seres queridos que, ella sabe muy bien, están siempre a su lado.
Desde temprano, y pese al frío, hubo mucho movimiento en las carpas de hospitalidad, detrás del estadio. Podían verse familias enteras vistiendo camisetas celestes y blancas, gorros de arlequín, inflables, banderas y cornetas. Por fin, este deporte parece haber traspasado los límites de su esencia amateur para convertirse en una disciplina con interesantes alcances comerciales. En este sentido, la gestión deportiva de Aymar es decisiva, y su imagen se vio ayer multiplicada en varios stands, en algún caso como si fuese una heroína de cómic. Aparte, su voz se escuchó en los avisos publicitarios de la pantalla gigante montada arriba de una de las populares. Claro que la gran ilusión dirigencial es que, si se conquista del título, este seleccionado se recubra con nuevos sponsors.
La espera de la jornada del debut despertó actitudes increíbles, como la del entrenador Carlos Retegui. Desvelado, ansioso en el hotel de la concentración, de repente agarró su auto y se fue solo al estadio a la 1 de la madrugada. Estacionó en las inmediaciones del Parque Habitacional Ludueña y, desde afuera, se quedó mirando el escenario con los brazos cruzados. "Estuve media hora así, viendo el estadio todo iluminado y soñando con lo que íbamos a vivir. Después tomé el volante y me volví." Ya por la tarde, tres horas antes del bautismo ante Sudáfrica, estuvo chateando por celular con Aymar, él, desde el estadio, y ella, todavía en el hotel, con el resto de las jugadoras. "A Lucha y a Sole [García] las apodé «Michael Jordan» y «Scottie Pipen»; ya quedó", decía sonriente el Chapa, mientras accedía a las fotos y a los autógrafos con las adolescentes. En ese momento, cuando China y Corea del Sur batallaban en el encuentro inaugural, había unas mil personas en las tribunas, lo que anticipaba una buena asistencia. Finalmente, dejaron de venderse 3500 entradas.
Este certamen es la definitiva prueba de fuego para la Argentina hockística, más allá de que tuvo éxito como anfitriona de torneos más chicos en estos últimos años, como el Champions Trophy de Rosario 2004 y de Quilmes 2007 y el Premundial de varones el año pasado, también en el Estadio Nacional. "Para bien o para mal, acá habrá un punto de inflexión para nuestro país desde la mirada de la FIH", aseguraba Sergio Daniel Marcellini, presidente de la Confederación de Hockey. Justo cuando hablaba, cerca de las 18, hacía su sorpresiva aparición en la popular un reducido grupo de barrabravas de Rosario Central, con bombos, redoblantes y sin entradas. "Es gente que no tiene por qué estar allí; contamos con cien efectivos y otros cien de seguridad privada. Este es un aspecto que debemos ajustar en los próximos días", reconocía el dirigente.
Más allá de algunos defectos organizativos, el calor surgió desde la carpeta sintética con un debut triunfal, prometedor. Las Leonas no quieren parar hasta la final del 11 de septiembre.
Fuente: La Nación.
